Asunto impostergable: fortalecer la seguridad humana y protección contra incendios

  • En los últimos cuatro años se han presentado más de 95 mil incendios, casi 65 al día y las pérdidas económicas ascienden a más de mil millones de pesos

 

  • Se debe impulsar una normatividad de “protección contra incendio y seguridad humana”, establecer un marco de referencia con los requerimientos mínimos de seguridad en materia de prevención y protección que sea de carácter nacional, obligatorio, amplio, detallado, de aplicación general y regulado por la autoridad

En el mundo los incendios han aumentado descomunalmente causando daños irreparables tanto en vidas humanas como en pérdidas materiales  y medioambientales, especialmente en los países de Latinoamérica. En México, de acuerdo a la información disponible, los siniestros en casa-habitación, oficinas, escuelas, fábricas, etcétera, se deben a diversos factores como nuevos materiales en la construcción, mayor presencia de aparatos electrónicos, falta de instalaciones eléctricas adecuadas, seguido de  accidentes  involuntarios. Adicionalmente el crecimiento demográfico que demanda de mayor infraestructura de servicios, lugares de entretenimiento, hospitales, hoteles, industria, lugares de mayor concentración pública y  muy  pocos  cuentan  con elementos de  detección,  alarma  y extinción de incendios, pues no existe una reglamentación clara en la materia.

Los riesgos de fuego en lugares de concentración humana (escuelas, oficinas, centros comerciales, fábricas, etcétera) se ven agravados por la falta de una cultura de prevención y desconocimiento de tecnologías, que pueden minimizar las pérdidas de vidas humanas y bienes materiales, según  información  de  la National Fire  Protection  Association (NFPA), de cada 100 incendios en zonas urbanas:

 

  • 6% suceden en casa-habitación.
  • 1% en comercios y/o usos mixtos de vivienda.
  • 1% en casa-habitación de una sola familia.
  • 0% en hoteles y moteles.
  • 0% en edificios industriales y oficinas.
  • 3% en otros edificios.

De acuerdo a estudios de las aseguradoras en USA1, los incendios son responsables del 31.2% de los desastres, ocasionan el 26.9% de la totalidad de la mortalidad asociada (humo, gases tóxicos, etcétera). El 47.1% de las muertes por incendios ocurrieron en casas o apartamentos. El 7.4% se suscitó en casas de retiro, asilos, etcétera; 4.3% en hospitales y el 0.9% en lugares públicos.

En México en los últimos 10 años han fallecido más de 6 mil personas a causa de incendios, de acuerdo al INEGI. Sus impactos afectan a la sociedad, economía, salud, productividad, pérdida de empleos, al medio ambiente y los costos asociados por la atención médica y las cadenas de suministro.

En términos médicos existen dos tipos de quemaduras, las fatales que ocasionan una gran pérdida de años de vida a la persona comparado con la mortalidad resultante de las

enfermedades crónicas y las quemaduras no fatales,  que  generalmente  tienen severas consecuencias para la víctima, para su familia y para la sociedad, de    las que se derivan los costosos cuidados médicos, el  desempleo  temporal  o permanente y  las  secuelas  físicas  o mentales posteriores, mismas que en algunos casos son irreparables.

Los grupos con las tasas más altas de muerte son los adultos de 55 o más años y los niños de cinco años o menos. En la mayoría de estos decesos la inhalación fue responsable de dos terceras partes, mientras que el último tercio fue por quemaduras, de ahí la necesidad de priorizar la prevención en el esquema de seguridad pública.

  • Los incendios son responsables del 2% de los desastres en México y ocasionan el 26.9% de la totalidad de la mortalidad asociada (humo, gases tóxicos, etcétera).

Países como los Estados Unidos y miembros de la Comunidad Europea han implementado diversas legislaciones de carácter obligatorio apoyadas con información de la NFPA1 y FM Global2. En USA por ejemplo, se logró reducir significativamente las pérdidas humanas y económicas en 30 años, pasando del 29% en 1980 a un 14% en 2010 y su tasa va en descenso, así como sus efectos en el Producto Interno Bruto de 3.3 a 2.2%; esta reducción se debe a los cambios en la regulación entre los años 70´s y 80´s gracias a la intervención de sus gobiernos y al fortalecimiento de su marco regulatorio.

En México, los incendios a diferencia de los sismos y huracanes, se presentan con más frecuencia de lo aparente, en los últimos cuatro años se han presentado más de 95 mil incendios, casi 65 al día y las pérdidas económicas ascienden a más de mil millones de pesos anualmente. Los incendios si no se controlan en su etapa inicial pueden consumir en pocos minutos el 100 por ciento de losinmuebles. De manera general, nuestro marco jurídico actual es limitado, incompleto e impreciso; y las leyes y reglamentos existentes contienen medidas diversas, pero aún deficientes respecto a la totalidad de su planteamiento y las medidas de prevención y control varían de estado a estado y de municipio a municipio.

Este atraso en la normatividad ha ocasionado un incremento gradual del número de incidentes de incendios de hasta un 10% anual, los cuales no sólo tienen un impacto social muy importante por el incremento de víctimas, sino también en la continuidad de operaciones, la productividad y daño al medio ambiente, por lo que no está acorde a lo utilizado en otros países del mundo y al México moderno. Los intentos para proteger la vida humana, así como los daños a la propiedad, de los incendios en nuestro país, no han sido suficientes ni integrales.

Tenemos pues un problema latente objetivo y real en México. De manera optimista pensamos que no nos va a suceder y que los elementos que actualmente exigen las Normas Oficiales Mexicanas son suficientes, pero ahí están las tragedias registradas en los últimos años, aun cuando se cumplan tanto la Ley General de Protección Civil como la NOM-002-STPS-2010 al día de hoy, los lugares de concentración pública  no están del todo protegidos de forma integral, tal es el caso del centro de cuidado infantil de la Guardería ABC en Hermosillo, que tuvo 49 pérdidas de niños; el Casino Royal de Monterrey con un total de 52 muertos o la explosión de gas en el Hospital Infantil de la Ciudad de México.

Estos tragos amargos nos hacen pensar que de haber existido alguna regulación preventiva, específica, homologada e integral, seguramente nos encontraríamos en un panorama totalmente distinto, pues todos ellos podrían haber sido controlados a partir de etapas tempranas, si se hubieran instalado sistemas de detección, alarma, rociadores automáticos y medios de evacuación que podrían haber evitado tan lamentables cifras, cuantiosas pérdidas materiales, fuentes de trabajo, así como grandes daños hacia la economía y la sociedad en general.

Por lo anterior, es impostergable la actualización y desarrollo de lineamientos eficaces, desde una nueva reglamentación integral en la materia, de lo contrario no se reducirá el impacto social y económico de los incendios y los tan devastadores finales causados por estos. Adaptemos a México para que tenga una nueva realidad, un desarrollo nuevo y razonable que goce de seguridad, evitando sucesos que podamos lamentar.

¡No esperemos a tener otra tragedia, actuemos ya!

Para reducir el impacto social y económico de los incendios y evitar las tragedias catastróficas  y  devastadoras causadas por estos, tenemos que usar soluciones confiables y probadas en la prevención y protección contra incendio en otros países y colocar a México en el lugar que se merece. Por tales motivos se hace necesaria una normatividad a nivel nacional en materia de “seguridad humana y protección de incendios” moderna, suficiente, clara, integral, prescriptiva y que pueda ser inspeccionada oportunamente, de aplicación general, que contenga niveles mínimos de seguridad, una autoridad competente, nacional y local, capacitada y específica, que nos permita construir el andamiaje necesario para prevenir catástrofes futuras que podamos lamentar.

Si deseamos un México en paz, seguro, moderno y competitivo, tenemos que trabajar unidos  formando  un  frente común: sociedad, empresa y gobierno, en beneficio de todos en algo tan esencial y trascendental como  es  la  prevención y protección de la vida humana y las secuelas de  los  incendios.  Tenemos ante nosotros una oportunidad histórica que nos da la posibilidad de prevenir desgracias futuras.  Hagamos  que  las cosas sucedan.

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