Salud de la fuerza laboral: la inversión impostergable de las empresas

Una de las inversiones que podría realizar una empresa para incrementar su productividad y su competitividad es la salud de sus colaboradores, sin embargo, es de las que suelen postergarse más. Hay razones que podrían suponerse de peso pero en realidad son malentendidas, como asumir que la salud del capital humano es responsabilidad de los sistemas de salud pública, o que los beneficios de esta inversión solamente alcanzan al trabajador, pero no a la organización.

En México tenemos fábricas que menguan su producción por personas que se ausentan para atender su diabetes o su hipertensión, también existen oficinas enfermas de presentismo (cuando el colaborador asiste al lugar de trabajo enfermo y no rinde a su mejor nivel), o trabajos de creatividad que no detonan porque el talento está deprimido o desgastado con el Síndrome de Burnout.

Preocuparse por la salud de los colaboradores no se trata sólo de buenas intenciones, es implementar estrategias que llevan a las organizaciones a un nuevo nivel de eficiencia y competitividad, con un importante retorno de inversión.

Ya se han dado a conocer cifras preocupantes sobre la relación entre salud y economía en México, como las del Victoria Institute of Strategics Economic Studies, que reveló una carga aproximada del 3.8% del PIB en enfermedades crónicas no transmisibles, como hipertensión, diabetes mellitus tipo 2, sobrepeso y obesidad; o las cifras que ha lanzado la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre estrés laboral, en las que México se presenta con un 75%, superior a China (73%) y Estados Unidos (59%), las dos economías más importantes del mundo.

Por otro lado está la depresión, que según el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) inhabilita a un colaborador hasta por 25 días; la suma de estas ausencias genera una pérdida de 16 mil millones de pesos anuales. Según el IMSS, el ausentismo laboral representó el 7.3% en la nómina actual de las empresas mexicanas y una pérdida promedio del 23.8% en la productividad.

Y las proyecciones que lanza la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) tampoco son alentadoras: 45% de la fuerza laboral mexicana tiene de 30 a 49 años de edad y en 2030 tendrán de 50 años hacia arriba, cuando las enfermedades crónicas serán más frecuentes y costosas. En veinte años podría haber pérdidas de productividad de la fuerza laboral del 6.3% del PIB; esto significa montos que exceden el crecimiento real anual de la economía mexicana.1

Más que alarmar, las cifras tendrían que alertar al sector productivo sobre el desafío que debe encarar hacia el futuro. Y este desafío, a su vez, debe considerarse como una oportunidad para imaginar una nueva cultura empresarial y laboral.

La pregunta es cómo hacerlo. Un buen inicio es generar investigación y datos que nos den las dimensiones reales del reto.

Un ejemplo: la salud de la industria automotriz

Hay un esfuerzo destacable que busca hacer un diagnóstico entre la salud laboral y la productividad que se vive en México, es el estudio “El impacto de la salud en la productividad: caso de la industria automotriz mexicana”, que realizó en 2016 la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF) junto con la Cámara de Comercio de Estados Unidos (US Chamber of Commerce), American Chamber México y el Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

El estudio se elaboró con datos que provienen de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) y se concentró en el estado de Guanajuato, donde se encuentra una porción significativa de esta industria.

Revisaron padecimientos como desorden depresivo mayor, migraña, enfermedades respiratorias, hipertensión y diabetes. Encontraron que durante ese año el ausentismo y presentismo llegaron a un 7.31%, con un equivalente a 1,647 millones de pesos. La cifra equivale al 59% del presupuesto del Fondo de Aportaciones para los Servicios de Salud de Guanajuato; y al 16% del presupuesto total de salud asignado al estado. Un dato paradójico es que el presentismo representa más pérdidas que si el colaborador se quedara en casa, hay 4.5 veces más pérdida de productividad que el ausentismo.

Los mayores costos en productividad en la industria automotriz en Guanajuato provinieron de enfermedades como hipertensión (95%) y diabetes (93%). La estimación es que hacia 2026 las pérdidas podrían alcanzar 8.22% del valor agregado.

Aunque la investigación se concentra en un estado del país y un sector específico de la industria nacional, sus resultados bien pueden resonar en un espectro más amplio. Pero más allá de los datos, este estudio funciona como ejemplo de un ejercicio que debe hacerse en todas las industrias y los estados del país. Es importante reconocer la dimensión total del reto para imaginar la estrategia integral a implementarse. Y desde ahí convocar al sector privado y de salud en pleno: crear la sinergia que haga de la productividad nacional una fuerza vigorosa y saludable.

Una propuesta con tres pilares

El reto de la salud laboral en México se proyecta en cifras pero también en circunstancias: el sector productivo (empresas, asociaciones, cámaras) se fragmenta en oficinas y comisiones de salud, que si bien se deben reconocer sus esfuerzos, apenas logran alcances modestos.

Aunque se recojan datos que arrojen los organismos mundiales y nacionales dedicados a temas de salud laboral en México, falta crear estadísticas detalladas y aterrizadas a las necesidades de la industria nacional, que sirvan para la toma de decisiones.

Una iniciativa de interés se está generando con la creación del Consejo Nacional de Empresas del Sector Salud, en el que empiezan a involucrarse asociaciones farmacéuticas como CANIFARMA, AMIIF y ANAFAM, además de otros grupos del sector médico. Pero esta iniciativa busca estructurar solamente al sistema de salud privado, y crear servicios de calidad y de costos accesibles para la población.

El ejercicio que recomiendo para Asociaciones y Cámaras empresariales tendría que orientarse a la totalidad de la salud laboral, y considerar el reto del bienestar de los colaboradores como una inversión que se relacione directamente con la productividad y la competitividad de la industria.

Propongo un proyecto que parta de tres pilares fundamentales:

• Homologar indicadores de salud y productividad. Reportes precisos y homologados de la salud de los colaboradores permitiría crear planes realistas y de gran escala, que generen un retorno de inversión a mediano y largo plazo. Un ejemplo es el modelo estadounidense Employer Measures of Productivity, Absence and Quality (EMPAQ), herramienta de medición que involucró a cien empresas y más de cinco millones de empleados, con el que se obtuvieron datos que redundaron en programas de beneficios.

• Vinculación entre asociaciones, cámaras y empresas. El esfuerzo aislado que hacen oficinas y comisiones de salud es insuficiente, faltan esfuerzos coordinados. Una implementación organizada y conjunta de programas que mejoren la salud del capital humano haría la diferencia entre un grupo de colaboradores saludables, a todo un sector laboral en plenitud de sus capacidades.

• Articulación de programas empresariales con la seguridad social. Un programa de la iniciativa privada coordinado podría incidir en las políticas públicas, para generar acciones conjuntas y sinergias de beneficios para ambas partes. Se podría consolidar el proyecto de una historia clínica electrónica universal, que permita al sector salud y a las empresas desarrollar mecanismos de atención y prevención. Se trata de un modelo ambicioso, pero es hacia donde tenemos que caminar.

El interés de la iniciativa privada mexicana por invertir en la salud de sus colaboradores aún es incipiente, pero cada vez más apremiante. Justo ahí está su novedad, puede tratarse de un campo de oportunidades, que eleve el nivel de las empresas mexicanas a un estadio de compromiso, de productividad y eficiencia, para competir con las mejores prácticas del mundo.

Por: Adalberto Maldonado
Director General de BMSA Group

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