CONCAMIN: cien años de industria nacional

No sólo testigo sino actor protagónico de la historia nacional, la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (CONCAMIN) encara su primer centenario fiel a su vocación de siempre jugársela con México. A lo largo de un siglo de existencia, la CONCAMIN ha tenido un papel determinante en la vida pública del país. Además de representar dignamente los intereses del sector industrial mexicano, el liderazgo de la Confederación ha trascendido el ámbito económico y se ha adentrado, con acciones decisivas, en los ámbitos político y social.

Su participación ha resultado fundamental en la construcción de las instituciones que forjaron el rostro del México del siglo XX y que nos preparan para los desafíos del presente siglo. Sin la contribución del sector industrial, las rutas de desarrollo ideadas para nuestro país se habrían quedado en el tintero; porque si la patria nace de un ideal colectivo, ésta sólo se erige mediante el trabajo arduo de sus mujeres y sus hombres.

En una coyuntura tan especial, como es la conmemoración de los 100 años de la CONCAMIN, pasar revista a su historia resulta un ejercicio no sólo necesario para la reflexión, sino profundamente aleccionador para la memoria colectiva. Observar el trayecto recorrido sirve, en más de una ocasión, para re-conocer el papel, la vocación y el compromiso históricos.

Los primeros pasos de la industria y su representación gremial se dieron en un entorno de marcada complejidad. Tras celebrar el Primer Congreso Nacional de Industriales, el 16 de noviembre de 1917, la constitución de la CONCAMIN se llevó a cabo el 13 de septiembre de 1918. Con ello, nació el primer organismo de alcance nacional del sector industrial mexicano. Por aquellos años, auténticos tiempos convulsos, la fase armada de la Revolución Mexicana todavía no concluía ni la disputa violenta por el poder que daría paso a un nuevo orden social, sin embargo, la severa recesión en las industrias más importantes de entonces hacía imperativo no sólo la reconciliación nacional sino también una ardua reconstrucción económica, política y social del país.

Este capítulo de la historia nacional, caracterizado por la incertidumbre y la reconfiguración de las reglas del juego político y sus importantes impactos en el orden jurídico y en la relación con los sectores económicos del país, también estuvo marcado por la escasa confianza de algunos industriales en la capacidad de la Confederación para subsistir. El primer presidente de CONCAMIN, don Adolfo Prieto, lo admitía desde su primer informe, presentado el 8 de septiembre de 1919, 1 en el cual destacaba dos desafíos mayores para el futuro del organismo. En primer lugar, el poco tiempo del que disponían los miembros de la Comisión Ejecutiva para atender sus responsabilidades en la Confederación. Y, en segundo lugar, el incumplimiento en el pago de las cuotas por parte de las Cámaras integrantes, lo que -advertía Adolfo Prieto- podría llevar a la desaparición de la CONCAMIN.

1. CONCAMIN, La Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos a través de sus informes anuales rendidos por sus presidentes a las Asambleas Generales Ordinarias 1919-1969, México, CONCAMIN, t I, 1970, pp. 9-11

 

Sorteado el temporal adverso que rodeó su surgimiento, y cerca de cumplir sus primeras dos décadas, CONCAMIN enfrentó otra coyuntura importante para su vida institucional. El 29 de agosto de 1936 fue publicada la nueva Ley de Cámaras de Comercio y de Industria, mediante la cual se fusionaban las asociaciones industriales con las de comercio, se establecía la agremiación obligatoria para comerciantes e industriales cuyo giro fuera mayor a quinientos pesos y, no menos importante, se facultaba a la Secretaría de la Economía Nacional para intervenir en la vida de las Cámaras y las Confederaciones. Derivado de este cambio jurídico la Confederación asimiló las enmiendas legales y organizativas, mediante la Asamblea Constitutiva del 19 de agosto de 1937, de la cual surgió una nueva “entidad jurídica”. 2

No obstante, debido a que esta ley representaba un retroceso en el estatus jurídico de las industrias y su Confederación -por conjuntarlas nuevamente con los sectores comerciales-, los industriales comenzaron una campaña que proponía rectificar la legislación. El gobierno del general Lázaro Cárdenas fue sensible al reclamo, pero la nueva ley no sería publicada sino hasta mayo de 1941, ya bajo el gobierno de Manuel Ávila Camacho. Así, pues, podría señalarse que entre ambas leyes -la de 1936 y la de 1941- llega a su fin la etapa de institucionalización de la CONCAMIN. En adelante, su consolidación la convertiría en un actor decisivo para la política industrial del país.

Las tres décadas que siguen en la historia del siglo XX mexicano (1940-1970) modificaron el rostro de un país que transitó del campo a la ciudad, que dejó el caballo y se movió en automóvil, que abandonó la incertidumbre y apostó por la institucionalización. En todos estos procesos de profundo cambio demográfico, económico y político, la CONCAMIN estuvo presente como un aliado de los intereses nacionales. Pilar del modelo de sustitución de importaciones, piedra angular del “milagro mexicano”, la industria nacional fue el motor que permitió tasas de crecimiento sostenido, la expansión del mercado interno y la conformación de una pujante clase media.

En todos estos años dorados, la CONCAMIN acompañó los esfuerzos nacionales por insertar al país en la ruta del desarrollo. El crecimiento volcado hacia dentro no sólo legó la época de mayor crecimiento económico en la historia de México, sino un mejoramiento generalizado en las condiciones de vida -alfabetización, tecnificación laboral, salud, vivienda-. En este tenor, la participación de los industriales mexicanos fue patente en la creación de instituciones que hasta hoy persisten en ámbitos como la seguridad social, la banca de desarrollo y el fomento industrial. Condiciones, todas, que permitieron al país transitar hacia la modernidad.

Por desgracia, la modernidad no fue como la habíamos imaginado. En las décadas posteriores, las condiciones político-económicas sufrieron sustanciales cambios a nivel internacional. El fin del periodo de expansión económica de la posguerra y la crisis fueron las nuevas constantes. En nuestro país, además, se presentó un año particularmente complejo para la comunidad empresarial, toda vez que en 1973 las relaciones entre la iniciativa privada y el poder público se tensaron profundamente a partir del intento de secuestro que derivó en el asesinato de don Eugenio Garza Sada, a manos de la Liga 23 de Septiembre. La confrontación de los empresarios con el presidente Luis Echeverría sería de tales proporciones que sus efectos -quizá no visibles en ese entonces- repercutirían en el sistema político mexicano años más tarde.

2. “Informe del señor ingeniero Genaro P. García, a la Asamblea General Ordinaria del 19 de agosto de 1937, sobre el ejercicio social 1936-1937”, en CONCAMIN, La Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos a través de sus informes anuales rendidos por sus presidentes a las Asambleas Generales Ordinarias 1919-1969, México, CONCAMIN, p. 188.

En este periodo, fin de un ciclo económico pero también político, México enfrentó una disyuntiva: abandonar la estrategia proteccionista y abrir el mercado a la competencia internacional. Así, la liberación económica significó una etapa trascendental para la industria nacional, sus Cámaras y su Confederación que, en unos cuantos lustros, se verían impulsados a producir bajo coordenadas totalmente nuevas en materia económica, regulatoria y tecnológica, muchas veces en desventaja frente a industrias extranjeras.

Esta nueva etapa de cambio acelerado, que después de un efímero boom petrolero nos dejó una década perdida, estuvo signada por la apertura a ultranza, el abandono de la política industrial, las bajas tasas de crecimiento económico y las crisis recurrentes. Por estos años, México apostó buena parte de su futuro económico por el que ha representado el acuerdo más importante de las últimas décadas: el Tratado de Libre Comercio con América del Norte. En esta importante coyuntura, el papel de CONCAMIN fue determinante para la inserción del sector industrial en los nuevos tiempos. A pesar de las dudas y temores de entrar en las ligas mayores, los industriales mexicanos optaron por tener reglas de comercio claras, velando por los intereses de la industria nacional para competir en condiciones equitativas.

Los años más recientes de nuestra historia, marcados por enormes desafíos en todos los ámbitos, han traído consigo también una sana costumbre democrática. La alternancia de partidos y gobiernos no nos asusta; la participación de la sociedad civil y el fortalecimiento de los contrapesos democráticos son una realidad patente. La voz y visión del sector privado mexicano están presentes en agendas tan importantes como la rendición de cuentas, la transparencia y el fortalecimiento de la democracia. En este nuevo contexto democrático, la CONCAMIN ha sabido mantener interlocución estratégica con los gobiernos en turno y, contrario a la idea de que “la mejor política industrial es no tener política industrial”, ha pugnado por tener una visión de largo aliento hacia el sector que permita contar con la política industrial requerida para seguir compitiendo a nivel mundial.

Como en otros momentos de su historia, la CONCAMIN se transforma para responder a los retos del presente y los que se asoman hacia el futuro. De manera responsable y comprometida, la Confederación ha señalado rutas de trabajo y, al propio tiempo, identificado estrategias que coloquen al país en el rumbo del crecimiento y el bienestar. La merecida reflexión sobre los cien años de CONCAMIN habla de algo más que de industria, pues son, a un tiempo, parte medular de la historia de nuestro querido México.

Por: Alfonso Zárate
Director General Grupo Consultor Interdisciplinario

 

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