CONCAMIN: Un siglo de Industria Nacional, un Ciclo de Desarrollo para México

La Historia es una gran maestra. La maestra de la vida decía Cicerón: historia maestra vita est. Si en algún momento parece que la dura realidad −su adversidad, sus tropiezos−, nos rebasa o nos abruma, una mirada al pasado nos permite valorar lo que hemos sido y constatar cómo hemos podido superar tiempos mucho más complejos y amenazantes.

Un antecedente inmediato de la creación de CONCAMIN fue el Primer Congreso Nacional de Industriales, que se realizó entre el 16 de noviembre y el 26 de diciembre de 1917. El 13 de septiembre del año siguiente, 1918, se constituyó formalmente la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos. Apenas unos meses atrás se había promulgado la Constitución que nos rige y que fue recibida con recelo por un gran número de empresarios porque contenía “privilegios” tan excesivos como los que establece el Artículo 123: la jornada máxima de ocho horas, el pago del tiempo extra, la prohibición del trabajo infantil…

El diputado hidalguense Alfonso Cravioto expresó en los debates del constituyente que así como Francia había tenido el alto honor de consagrar los inmortales derechos del hombre, “así la Revolución Mexicana tendría el orgullo legítimo de mostrar al mundo que es la primera en consignar en una constitución los sagrados derechos de los obreros”.

Era un país que todavía olía a pólvora porque no se había agotado su filo de violencia. Aún no habían sido asesinados los dos caudillos más representativos del campesinado: Francisco Villa y Emiliano Zapata. Poco después de nacer CONCAMIN, el presidente Venustiano Carranza −que había alentado por conducto de su secretario de Industria, Comercio y Trabajo, Alberto J. Pani, la organización de los industriales−, murió acribillado en Tlaxcalaltongo.

La encomienda que el Lic. Manuel Herrera, Presidente de CONCAMIN, le hizo a Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C. (GCI), de recuperar en una investigación sociológico-histórica los momentos más importantes, los quiebres mayores de la industria confederada en sus primeros cien años de historia, nos permitió acercarnos a la historia económica y política de México desde las postrimerías del Porfiriato −momento que marcó un hito en la industrialización del país− hasta el momento actual, incluido un asomo al futuro.

El capítulo I, Los orígenes, se extiende desde 1890 cuando −como se dice en la obra− El notable crecimiento de la economía nacional no tuvo su afortunado correlato en las condiciones de vida de la población, hasta 1940. Este capítulo incluye: Los tiempos de don Porfirio: las bases de la industrialización; la Revolución Mexicana; el nacimiento de CONCAMIN y Reconstrucción Nacional: el México de la posrevolución, que nos permite asomarnos a ese país que hace más de un siglo se propuso ser moderno, a través de la vía de la industrialización.

Años complejos estos primeros, convulsos y difíciles mejor dicho, no sólo para el país sino para la industria y su representación gremial. La construcción de un nuevo régimen, la recuperación económica, el establecimiento de nuevas reglas del juego político-económico…

El segundo capítulo se titula La industrialización y comprende: De los años del Milagro a los tiempos de crisis; La CONCAMIN y la transformación del país; Agotamiento del modelo económico… y político. Un ciclo histórico que cambió la fisonomía del país, para bien y para mal: nos transformó en la sociedad moderna que somos, pero nos hizo pagar el boleto a un precio alto.

Después sigue un capítulo titulado Agotamiento, apertura y modernización, que inicia con el Agotamiento del modelo, continúa con El boom petrolero; pasa revista de La hora del cambio, y se extiende De la crisis a nuestros días: apertura y cambio de modelo, para cerrar con una reflexión sobre La industria y la CONCAMIN: un motor con mucho corazón. Esos años que dejaron lecciones dolorosas para el país, pero que ofrecen, al propio tiempo, evidencia del carácter nacional, de nuestra determinación y capacidad para remontar tiempos duros.

El cuarto capítulo, La historia por escribirse, reflexiona sobre las “reformas estructurales”, con énfasis en la energética y concluye con una mirada al futuro: Los retos del segundo siglo para CONCAMIN, Una CONCAMIN para un país del siglo XXI.

La obra CONCAMIN: Un Siglo de Industria Nacional, Un Ciclo de Desarrollo para México, incluye un quinto capítulo que recupera los testimonios de los ex presidentes de la Confederación, desde Prudencio López hasta Francisco Funtanet.

La historia viva narrada por sus protagonistas, quienes tuvieron la responsabilidad de defender los intereses de la industria y los de México en el último medio siglo, de 1968 a la fecha, ha sido un ejercicio esclarecedor, gozoso y también emotivo.

Las narraciones se agruparon en más de diez temas, entre ellos: Del “desarrollo estabilizador” al “desarrollo compartido”, “Democracia a la mexicana”, “El país que éramos”, “La CONCAMIN ante la estatización de la banca”, “El Pacto”, “Las contribuciones de la CONCAMIN a México”, “La CONCAMIN y el comercio exterior”, “Fidel Velázquez y la CONCAMIN”, “Los factores que inciden en la competitividad”, y “México en la era Trump”.

Desfilan a lo largo del estudio personajes como Alberto José Pani Arriaga, académico, empresario y político, a quien don Venustiano Carranza nombró secretario de Industria, Comercio y Trabajo y encargó recomponer la relación de su gobierno con el sector empresarial y como Adolfo Prieto, el primer presidente de la Confederación.

 

 

 

 

Reconozco el trabajo profesional y entusiasta de mis colegas de GCI, especialmente del Dr. Roberto Hernández López, pero también de Cosme Ornelas, Mauricio Mercado y Eduardo Camacho.

La contribución del maestro Carlos Noriega y su equipo fue invaluable y se expresa en la belleza de esta obra; no menos relevante fue la labor del equipo de profesionales de la propia CONCAMIN −su director general, Juan Casados y sus directores−, un esfuerzo colectivo que, estoy convencido, enriquecerá el acervo de las Cámaras y Asociaciones que integran la Confederación y permitirá a sus lectores un asomo penetrante y gozoso a más de un siglo de la historia económica, social e industrial de México y les afianzará el sentido de orgullo y de pertenencia con una institución que, como expresa Manuel Herrera, siempre ha creído en México y por eso, siempre ha creado en México.

Por Alfonso Zárate
Director General Grupo Consultor
Interdisciplinario

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