La crisis sanitaria – económica del coronavirus

Por: Guillermo Funes Rodríguez

Vicepresidente de CONCAMIN

Cuando la incidencia del coronavirus COVID-19 fue declarada pandemia por la OMS, el mundo estaba lejos de imaginar el impacto que tendría en la salud de las poblaciones, el sistema de salud global y la economía del mundo.

Está claro que vivimos una época de revolución científica y tecnológica sin precedente en la historia, sin embargo, en lo relativo a enfrentar enfermedades causadas por virus, aún no se ha desarrollado un sistema que permita dar respuestas lo suficientemente rápidas para evitar el colapso de  los  sistemas  de salud y que generen un impacto económico que ya se compara al que la humanidad sufrió en la Gran Depresión de 1929.

Desde el mes de enero de este año hemos observado resultados diversos en los países. Unos, básicamente los asiáticos (China, Corea del Sur, Japón, Taiwán y Singapur) con resultados de contención que se califican como eficientes, al frenar el contagio y contener la tasa de morbi-mortalidad por debajo del 3%. Otros, como los europeos (Italia, España y Francia principalmente) y EUA que se han convertido en el centro de la pandemia, colapsando sus sistemas de salud, aportando la mayor cantidad de muertos y altas tasas de contagio, lo que origina que la parálisis de las actividades pueda prolongarse hasta junio e incluso más.

Esto ha ocasionado una serie de efectos como la ruptura de las cadenas de suministro, al cerrar fronteras y el comercio internacional de países como China e India que      son factores claves de la industria global. Lo anterior conlleva la alteración del comportamiento de los mercados, afectando el empleo, el consumo, las inversiones y en suma, colapsando el sistema económico internacional, a grado tal que se le califica como la peor crisis de los últimos 91 años.

En la industria farmacéutica y de dispositivos médicos, la ruptura de las cadenas       de suministro se expresa en dificultades para tener el abastecimiento adecuado de materias primas y componentes básicos para la elaboración de medicamentos y la fabricación de dispositivos médicos. Esto conlleva la posibilidad de una escases de medicamentos fundamentalmente genéricos, ampliamente usados para el control de padecimientos crónicos degenerativos, tales como obesidad, diabetes, hipertensión arterial, cáncer y enfermedades cerebro vasculares entre las principales.

En términos de dispositivos médicos, los equipos para tratamiento de enfermedades respiratorias son los más evidentes, pero igualmente afecta en otras áreas terapéuticas.

Lo anterior demuestra la necesidad de fortalecer a la industria farmacéutica y de dispositivos médicos nacional, para asegurar la soberanía en el tratamiento de enfermedades prevalentes en México y tener el andamiaje necesario para afrontar crisis como la del coronavirus.

En México la pandemia ha tenido un efecto gradual pero ascendente. La estrategia de las autoridades de salud está basada en un sistema de alerta llamado Centinela, en el cual se realizan pocas pruebas y se infieren con base en análisis estadísticos los efectos de contagio en poblaciones. Sin embargo, el número de muertos ha ido aumentando significativamente. Lo que permite suponer que la tasa de morbi-mortalidad es alta y por ende, en la medida que se transite a fases agudas de contagio, el porcentaje de personas que requieran atención de terapia intensiva se incrementará, presionando al sistema de salud y posiblemente colapsándolo porque la infraestructura no es       la adecuada y recientemente se está realizando la compra de insumos y equipos fundamentales como mascarillas, camas y ventiladores, con evidente falta de previsión y planeación para la atención de la pandemia.

Se requiere mayor número de pruebas diagnósticas no sólo para conocer el avance del contagio, sino también para la estrategia de regreso a la normalidad, sin tener rebotes que serían sumamente graves.

Todo lo anterior tiene su expresión económica en la cual la parálisis obligada incidirá de manera importante en la sobrevivencia de las empresas, sobre todo medianas, pequeñas y micro. La inversión y conservación del empleo son factores básicos para un proceso de recuperación económica, pero el gobierno de México no presenta un programa coherente y oportuno para apoyar a las empresas, fuente de los empleos y por ende bienestar de las familias.

En conclusión, la falta de apego de la población a las medidas sanitarias, las medidas que implementa la Secretaría de Salud, que no han sido tan eficientes como en los países de Oriente y la infraestructura hospitalaria insuficiente, tanto de equipos como de personal, se adicionan a una falta de estrategia para la crisis económica por parte del gobierno.

Es el momento para que la  industria,  los trabajadores y la sociedad civil se organicen en programas coherentes y consistentes y sienten las bases de la recuperación económica y sanitaria de esta pandemia.

 

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