Política Industrial para el crecimiento dinámico

En el transcurso del año se ha configurado un panorama singular. Por una parte se han disipado los nubarrones que anticipaban volatilidad en los mercados financieros tras el triunfo del Lic. Andrés Manuel López Obrador, en una muestra de madurez democrática. En efecto, los principales indicadores de la bolsa y el mercado cambiario se han comportado favorablemente, reconociendo plenamente el resultado emanado de las urnas y pronunciándose a favor de la democracia y la alternancia en el poder, como el mejor andamiaje político para elegir el rumbo de la nación.

Por la otra, hemos enfrentado un entorno mundial no del todo favorable, debido a la persistente incertidumbre asociada al futuro de la relación comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, así como los impulsos proteccionistas provenientes de nuestro principal socio comercial (los aranceles a lavadoras y paneles solares a principios de año, así como los impuestos al acero y aluminio) y los efectos que ello ha generado a escala mundial (represalias comerciales a miles de productos, impacto a diversas cadenas productivas, freno a inversiones), particularmente en lo concerniente al futuro de las reglas que regulan el comercio mundial.

Neoproteccionismo y TLCAN

El neoproteccionismo se erige como uno de los más peligrosos factores de riesgo para el avance de la economía mundial.

Si a ello agregamos la investigación emprendida en el vecino del norte para decidir si existen bases para aplicar un arancel del 25% a la importación de automóviles, “por razones de seguridad”, entonces tenemos un panorama con crecientes nubarrones.

Por su parte, la modernización del TLCAN inicia lo que parece será una fase decisiva marcada por la convicción compartida entre México y Canadá a favor de un enfoque trilateral, más que la búsqueda de acuerdos bilaterales que obligarían a comenzar desde cero la definición de las reglas comerciales entre países que han dado importantes

pasos en sus procesos de integración y complementariedad industrial, así como en la especialización de sus estructuras productivas, aprovechando las ventajas comparativas y las ventanas de oportunidad creadas a partir de la entrada en vigencia del TLCAN, a mediados de la última década del siglo pasado.

Por eso es importante precisar lo siguiente: la economía estadounidense es el destino natural y la fuente proveedora de la mayor parte de los productos que enviamos y adquirimos en el exterior. El TLCAN nos permitió pasar de la integración silenciosa a una integración negociada y pactada en los mejores términos para nuestros países.

El éxito del proceso modernizador del tratado es, sin lugar a dudas, un factor crucial para el avance de nuestra economía, particularmente de las actividades que dependen directa e indirectamente del esfuerzo exportador emprendido hace décadas y consolidado a partir del esfuerzo de las empresas de clase mundial que aprovecharon las oportunidades pactadas.

Confiamos en el trabajo de nuestros representantes. Todavía tenemos pendiente el cierre de capítulos/temas no controvertidos, y sobre todo el abordaje de los temas cruciales puestos sobre la mesa por EUA: las reglas de origen en el sector automotriz, la cláusula sunset, el mecanismo para solución de controversias y la temporalidad para las exportaciones agrícolas.

Por eso es importante crear las condiciones para comenzar a cerrar la distancia que nos separa en los temas más difíciles y hallar el espacio para la confluencia de las tres economías para destrabar los temas polémicos y ampliar las posibilidades para la integración productiva y comercial, así como el aumento de la competitividad regional para enfrentar mejor los procesos de integración regional que tienen lugar en otras latitudes y responder a las exigencias de un mercado, el mundial, cada vez más concurrido, competido y complejo.

Si bien no han desaparecido los factores que alteraron la percepción de consumidores (inflación), empresarios (incertidumbre comercial) y especialistas (oleada proteccionista estadounidense), lo cierto es que hay avances en la confianza de los primeros y disposición para invertir por parte de los segundos, pese a que los principales grupos de análisis del sector privado han recortado sus estimaciones de crecimiento económico y creación de empleos para éste y el próximo año.

Es posible afirmar, con base en lo anterior, que prevalece una visión más objetiva y mesurada del ambiente nacional, de los riesgos para el crecimiento y de las dificultades provenientes del escenario internacional.

Desempeño reciente de la economía y la industria

Seguimos navegando en aguas difíciles y en un ambiente enrarecido, aunque menos difícil respecto al primer trimestre del año.

Sin embargo, tras ponderar avances, fortalezas, debilidades y desafíos de nuestra economía, del panorama internacional y de la relación con Estados Unidos, no debemos perder de vista que tenemos una agenda por atender, independientemente de lo que suceda con la negociación del TLCAN, los precios del petróleo, la inflación y las tasas de interés.

Reconozcamos que la economía mexicana avanza a un ritmo menor al de su potencial y debajo del que buscábamos alcanzar como resultado de las reformas económicas emprendidas. Aunque mantiene su dinamismo, la generación de empleos sigue sin responder plenamente en cantidad y sobre todo en la calidad de las fuentes de trabajo; crece el consumo interno, aunque a un ritmo menor al esperado y el motor exportador se mantiene como el principal soporte del moderado crecimiento económico que nos caracteriza.

El sector automotriz sigue registrando niveles históricos en el ensamble y exportación de vehículos, el crédito sigue expandiéndose y las autoridades mantienen un compromiso serio a favor del control de las finanzas públicas, pero la inflación y sobre todo los costos en la economía, medidos estos últimos a través del Índice Nacional de Precios al Consumidor, han retomado su trayectoria ascendente.

Tenemos indicadores favorables y signos vitales que generan inquietud por su desempeño reciente. Sin embargo, debemos reconocer que estamos lejos de lograr lo que nos hemos propuesto: elevar la competitividad; acelerar el paso de la economía; generar más y mejores empleos; impulsar un modelo incluyente de desarrollo y sobre todo, elevar la calidad de vida de las familias.

¿Qué hacer para acelerar el paso?

En los últimos 30 años, nuestra economía no ha crecido lo suficiente para asegurar la condición de prosperidad que buscamos. Para acelerar el paso de la economía, necesitamos trabajar en tres frentes:

Primero. Mejorar y aprovechar íntegramente nuestro capital humano, nuestra fuerza laboral, nuestro bono demográfico. En el próximo quinquenio la proporción de mexicanos en edad de trabajar será la más alta de nuestra historia reciente. Ésta es, sin duda, una condición excepcional, de privilegio, que debemos aprovechar, generando oportunidades empresariales y empleos dignos y cada vez mejor remunerados.

Segundo. Incrementar la inversión en capital físico. Es momento de potenciar las enormes ventajas de nuestro país mediante la ampliación de nuestra infraestructura estratégica, con inversión pública y privada.

Tercero. Articular una estrategia consistente para la reindustrialización del país. Para lograrlo es indispensable impulsar la inversión productiva. Sin embargo, las cifras disponibles confirman que este indicador dejó de crecer. La experiencia internacional es bastante clara al respecto: no hay economía que pueda mantener o acelerar el paso sin el empuje proveniente de la inversión.

Si la inversión pública se contrae, tal y como ha sucedido en los últimos años, debido a los recortes presupuestales, es preciso incentivar la inversión privada. Lograrlo requiere combinar estabilidad económica, Estado de derecho, seguridad, transparencia, ejercicio oportuno del gasto público y creación de audaces incentivos a la inversión, sobre todo ahora que se aplica una audaz estrategia fiscal en EUA. Es cierto que el margen de maniobra en materia tributaria es estrecho y complicado. Pero también lo es que debemos ser proactivos no reactivos.

Además, es tiempo de hacer un corte de caja para analizar avances, la eficacia de las acciones emprendidas y qué debemos hacer para tender un sólido puente entre la banca y las Pymes, asumiendo que debemos crear mejores condiciones de acceso al financiamiento porque de ello depende la modernización de activos, la competitividad y productividad de buena parte de las Pymes, lo que sentará las bases para impulsar un estilo de crecimiento incluyente, con mayor valor agregado nacional y capacidad para generar más y mejores oportunidades de desarrollo a escala sectorial y regional.

Para acelerar y mantener el paso de la economía, conservando la estabilidad macroeconómica, es preciso definir una auténtica estrategia de desarrollo e industrialización, con rumbo, objetivos e instrumentos precisos y eficaces. Sin ella, nuestra economía seguirá a flote, pero con paso lento y crecientes rezagos.

El diagnóstico no admite dudas. Frente al lento crecimiento económico mostrado por la economía y la actividad industrial en las últimas tres décadas y tomando en cuenta los cambios y tendencias que dominan el entorno internacional, México debe impulsar una fase para su desarrollo a partir de una clara y sólida política industrial que nos permita elevar la competitividad del sector fabril, innovar, conservar y ampliar las fuentes de empleo en el sector formal de la economía.

¿Cómo lograrlo? No es una tarea sencilla ni de corto plazo, sobre todo en un momento marcado por una intensa competencia internacional y el resurgimiento del proteccionismo. Sin embargo, el mejor camino para conseguirlo es aquel que nos conduce al fortalecimiento de las capacidades productivas internas.

El rol de la política industrial que proponemos

Tal como lo hemos señalado en diversas ocasiones, la actividad fabril aporta el 35% de la producción nacional de bienes y servicios y el 42% del empleo formal. Además y de acuerdo con cifras del IMSS, la remuneración promedio en el sector industrial supera a la media nacional y equivale a 3.5 veces el salario mínimo. En algunos de los sectores escala hasta 8 veces el mínimo.

Por eso vemos con inquietud que más allá de los casos de algunas ramas exitosas, la industria en general atraviesa por un periodo de enormes desafíos. Sólo en 2017, la producción industrial aumentó 0.6%, cifra distante de lo que podemos y debemos alcanzar. ¿Qué proponemos en el sector industrial? En nuestro planteamiento de Política Industrial Globalmente Productiva, Competitiva e Incluyente de CONCAMIN, identificamos cinco líneas estratégicas.

Primera, crecimiento económico y productividad. Establecer como objetivo acelerar el crecimiento del PIB, para pasar del 2.3 al 5% anual en función de una competitividad industrial sistémica.

Segunda, política industrial de Estado. Definir y alinear objetivos, normas, políticas, estrategias y recursos encaminados al fomento, desde la administración pública, del sector industrial del país. Entre otras acciones se contempla: generar programas de desarrollo industrial a nivel sectorial y regional; elevar las compras e inversiones de gobierno con contenido nacional a, por lo menos, un 50% en promedio (sin contar la parte laboral); incrementar el contenido nacional de las exportaciones, para pasar del 30 al 40% en los siguientes seis años; aumentar las capacidades productivas de las Pymes y fomentar la creación de empresas proveedoras de insumos intermedios y bienes de capital; acelerar las Zonas Económicas Especiales, con perfil industrial; lograr un incremento sostenido del salario; crear la Alianza por la Educación Industrial para la Integración Social y el Desarrollo Competitivo de México; crear el Instituto de Desarrollo y Transferencia Tecnológica, Innovación e Ingeniería en Manufactura.

Tercera, financiamiento. Para contar con un brazo financiero que promueva el desarrollo industrial, se propone la creación de una Banca de Desarrollo Industrial que dé viabilidad al padrón de proyectos industriales estratégicos de inversión.

Cuarta, sector manufacturero. Transitar a la transformación y generación de valor agregado. Se agotó el beneficio de los bajos costos laborales y la ubicación geográfica. La Cuarta Revolución Industrial, la robotización y la automatización han creado nuevos diferenciales productivos en las naciones asiáticas con las que México compite. Por ello, debemos promover la inversión privada en manufacturas, hasta alcanzar por lo menos un 15% como proporción del PIB para el 2030.

Quinta, mejora regulatoria. Reducir, en seis años, el costo de la carga regulatoria del actual 3.5 a 2% del PIB e instrumentar una política económica que garantice “suelo parejo” a las empresas mexicanas respecto de los beneficios que contienen las importaciones y maquiladoras.

Los industriales de CONCAMIN tenemos una visión clara de nuestra responsabilidad, compromiso y contribución a la gran tarea nacional a favor del desarrollo económico y social. Nuestra propuesta a favor de una Política Industrial Globalmente Productiva, Competitiva y de Inclusión Social, acredita nuestra disposición para mantenernos como activos promotores del progreso nacional y nuestra convicción a favor del trabajo que permita hacer realidad los anhelos y aspiraciones de todos, porque sólo así podremos ofrecer una mejor calidad de vida a los hogares mexicanos.

Por: Pedro Tello Villagrán
Economista

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