Ejecutivos de la industria

Hoy abordaremos algunos comentarios sobre la relación entre Director y Presidente de un organismo: alcances, responsabilidades, roles, riesgos y oportunidades.

La relación entre el Presidente y el Director General es fundamental para el éxito de la organización: mientras el Presidente toma decisiones y establece directrices es el Director quien las ejecuta y se encarga del funcionar operativo de la asociación; además, un buen Director debe atender en todo momento las necesidades y oportunidades detectadas por la membresía, no sólo las indicaciones directas de su Presidente.

Es prioritario mantener una comunicación permanente, que tanto el Presidente como el Director General coincidan en los conceptos principales, procedimientos, posturas, objetivos y acciones de una organización, y así evitar confusiones o vías distintas de trabajo; también es muy importante tener retroalimentación permanente entre ambas partes mediante un canal de comunicación abierto, así como llevar a cabo en conjunto análisis periódicos del funcionamiento de las estrategias y avances en los temas de interés, para continuar la ruta trazada o replantearla en caso de ser necesario.

En estas labores, los límites de intervención y alcances entre Presidente y Director General deben ser muy claros. En el caso de CONCAMIN, los estatutos rectores señalan claramente estas atribuciones: coordinar la operación de cada dirección de área y en particular dirigir las oficinas; proponer al Presidente la estructura operativa; tener a su cargo el despacho de los asuntos de CONCAMIN, dar cuenta y acordar con el Presidente todos los que se reciban, entre otras.

Para determinar los roles de los Directores Generales es necesario establecer claramente sus funciones en los códigos o reglamentos rectores internos de la organización, pues sólo de esta manera se evitarán malas interpretaciones o usurpación de funciones. De igual manera, y a través del establecimiento de una estrategia, desarrollada desde el principio de la Administración, se pueden fijar roles y atribuciones entre ambas partes.

Sin duda los puntos medulares en la relación entre el Presidente y el Director General son comunicación abierta, fluida y permanente; confianza del Presidente para delegar funciones, desarrollar estrategias y ejecutar sus instrucciones, así como retroalimentación en torno a las acciones y manera de administrar la organización.

Asimismo, los mayores riesgos o fracasos de esta relación están inversamente relacionados con los puntos medulares arriba descritos: si no hay comunicación podemos caer en imprecisiones, malentendidos o malas ejecuciones de las indicaciones presidenciales. Por las actividades naturales de ambos puestos es común que puedan transcurrir días en los que Presidente y Director General no coincidan en espacio y tiempo, por ello es recomendable fijar un día a la semana para acordar y recapitular lo sucedido al interior de la asociación. Otro de los riesgos es no tener claras las prioridades de la asociación, si atender temas estratégicos o coyunturales, y ahí mi respuesta es: ambos deben ser atendidos de manera equilibrada, sin descuidar uno u otro, pues los Directores siempre debemos tener tiempo para atender todos los temas de la agenda organizacional.

Un Director General no puede dar por entendido, ni suplantar las funciones del Presidente. La autoridad del Presidente siempre debe estar presente, y en función de ella el Director podrá hacer sugerencias o consideraciones sobre sus decisiones, pero jamás realizar cambios unilaterales a las estrategias ni a las grandes líneas de acción. Recuerden: quien obedece no se equivoca.

Por Juan Casados Arregoitia
Director General de CONCAMIN
jcasados@concamin.org.mx
Twitter: @JCasados_A

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