Sin inversión no hay crecimiento económico

El inicio de la renegociación del TLCAN impondrá una nueva agenda a México que va más allá del aspecto comercial. Los temas incluidos en la notificación que el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, envío a su Congreso permiten establecer que México deberá aplicar una política económica que eleve la productividad y la competitividad de las empresas.

El gobierno mexicano deberá garantizar que las importaciones que llegan al país cumplan con el marco institucional establecido por la OMC, es decir libres de distorsiones al mercado, también tendrá que generar un programa económico que permita incrementar la productividad de las unidades económicas.

La inclusión que el Presidente Trump hizo de los temas laboral, ambiental, de pequeñas y medianas empresas, medidas sanitarias y fitosanitarias, procedimientos aduaneros, prácticas regulatorias, propiedad intelectual, empresas comerciales del Estado y servicios, toca algunas de las variables económicas en donde México enfrenta sus mayores desafíos estructurales.

Solamente a través de una mayor productividad y competitividad se podrá abordar la nueva agenda, particularmente porque los negociadores norteamericanos buscarán establecer una directriz que favorezca a su país.

No se debe olvidar que, desde la perspectiva del gobierno de Estados Unidos, México ha ganado empleo gracias a sus bajos costos laborales y medidas menos restrictivas en torno a algunos de los puntos antes mencionados. De igual forma Trump ha mencionado que México ha sido utilizado para triangular la entrada de productos hacia Estados Unidos que se fabrican en naciones que no cumplen con las reglas del libre comercio.

Si bien el análisis del Presidente Trump no menciona que gracias al capital humano mexicano sus empresas transnacionales cuentan con los niveles de productividad laboral que les permiten competir con las compañías de otras regiones del mundo, particularmente con las asiáticas, es evidente que su agenda contempla presionar a México en temas laborales.

La negociación será intensa, hasta el momento sólo conocemos el índice temático de lo que se ha planteado al Congreso de Estados Unidos, aún falta por conocer la profundidad del contenido. De igual forma pronto se conocerá el verdadero punto de partida de la postura de los negociadores del principal socio económico de México. Independientemente de ello, es evidente que nuestro país deberá incrementar su ritmo de inversión pública y privada y la razón no sólo estriba en la renegociación del TLCAN.

Ampliamente conocido es el hecho de que la evolución del PIB se mantiene a niveles inferiores a los que se requieren tanto para elevar el bienestar de la población como para mejorar la capacidad productiva del país en el ámbito global. La causa fundamental es la falta de inversión, las reformas estructurales aplicadas desde los años ochenta del siglo pasado no han logrado generar un cambio en la dinámica de inversión.

Las cifras son contundentes, entre 1980 y 1989 la inversión pública disminuyó a la mitad en términos reales. De acuerdo al INEGI, entre 1993 y el 2015 la variación de la inversión pública creció a una tasa promedio negativa de (-) 0.1 por ciento. ¿Qué implicación tiene? Hoy se invierte no sólo menos que en 1993, prácticamente es la mitad de lo que se realizaba en 1980.

Sin inversión no hay crecimiento, y es claro que durante los últimos 35 años la parte pública dejó de cumplir con lo que le correspondía. Ello dejó la responsabilidad en la parte privada, el problema es que el entorno macroeconómico no ha sido el propicio para fomentarla.

Entre 1980 y 1989 la inversión privada no creció en términos reales, fruto de la década perdida. Si bien existió una recuperación durante la década de los años noventa (un aumento de10% en promedio anual), la primera década del nuevo milenio mostró que ello no era sustentable, porque fueron flujos extraordinarios generados por la privatización, la apertura económica y la adopción de un modelo de exportaciones basado fuertemente en la maquila. Entre el 2000 y el 2009 el crecimiento de la inversión privada fue de solamente 2.6% en promedio anual. La crisis del 2009, la competencia de China y el agotamiento del modelo maquilador provocaron que la inversión perdiera fuerza.

Si bien existió una recuperación entre 2010 y 2013, cuando el promedio de incremento de la inversión privada se elevó a 7.0%, también se debe recordar que ello ocurrió al mismo tiempo que la parte pública disminuía en (-) 5.7 por ciento.

Sin inversión no hay crecimiento, no se debe olvidar, pero en México no se ha logrado establecer un entorno favorable tanto para elevar la acumulación de maquinaria y equipo como para impulsar fuertemente a la construcción. Un efecto directo es el bajo progreso tecnológico y la innovación que se realiza en el país.

La mayor parte de la tecnología avanzada se trae del exterior, existe poca inversión en la parte nacional. Los defensores de las ventajas comparativas pueden justificarlo, el bienestar social y el crecimiento económico de México no. Lo descrito permite entender por qué China, la India y otras naciones asiáticas han desplazado a productos hechos en México. Nuevamente las cifras son contundentes.

En 1990 la inversión de México era el 47% de la realizada en China. Para el 2015 sólo representó el 6.4 por ciento. Esto explica el vertiginoso avance del país asiático en la sustitución de productos mexicanos en los mercados del TLCAN, incluyendo el doméstico. Sin importar la distancia que le separa de América del Norte, China desarrolló un sistema de infraestructura e industrial altamente productivo y competitivo basado en la inversión.

No es el único caso, en 1990 México tenía un nivel de inversión que era el 102% del que se hacía en la India. En 2015 sólo es el 33.5 por ciento. No hay dudas de por qué la India crece a tasas de 7% en tanto que México lo hace al 2.5 por ciento.

Para el 2015 México sólo realiza el 81% de inversión que hace Indonesia, el país que nos desplazó del lugar 15 en la lista de las mayores economías del FMI. De igual forma se invierte el 39% de Alemania, el 7.9% de Estados Unidos, 60% de Brasil, 68% de Corea del Sur, 19% de Japón, 65% de Canadá y 54% de Gran Bretaña. Por ello cada año se abre más la brecha de acumulación de capital, de acervo tecnológico y de crecimiento económico. Todos los años los países citados invierten más que México. Además, varios de ellos lo hacen en sectores manufactureros y tecnológicos en donde son líderes y patentan.

La inversión como proporción del PIB de México de 23%, es prácticamente la misma desde 1990. En Corea del Sur es 28.5%, en la India 32.7%, en Indonesia 34.6% y en China 45.4 por ciento. Las naciones citadas invierten más, tanto en términos absolutos como en relación a su PIB.

Con este desempeño, entre 1980 y el 2014, México logró una tasa de crecimiento promedio anual del PIB per cápita de sólo 0.9%, con lo cual se ubicó por debajo del desempeño promedio de países como China (8.8%), Corea (5.3%), Singapur (4.2%), Chile (3.4%), Colombia (2%), Perú (1.5%), Argentina (1.3%), Brasil (1.2%), Ecuador (1.2%), de igual manera, este resultado es inferior al promedio alcanzado por los países miembros de la OCDE del 1.6%, la Unión Europea con 1.6%, toda América Latina con 1.1% e incluso el promedio mundial del 1.3 por ciento.

De esta manera, México pasó de tener un PIB per cápita 2.7 veces mayor que el de Argentina, 5.7 veces por arriba del de Bolivia, 2.2 veces el de Brasil, 7.6 veces el de China, 5.4 veces el de Indonesia, 10.6 veces el de la India, 2.5 veces el de Corea, 3 veces el de Perú y 12 veces el de El Salvador a un PIB per cápita tal que sólo se asemeja a la mayoría de los países mencionados, donde en el mejor caso para 2014 es sólo 3 veces el de la India y el doble de Bolivia y El Salvador. De igual forma, el menor crecimiento de la economía alejó al país de las naciones con mejores ingresos, ya que durante la década de los años 60´s el PIB per cápita de México convergía al de los países más desarrollados, era cercano al de Italia, España y superior que el de Japón y Corea. Para 2010 esa realidad quedó rebasada.

La solución al problema estructural de baja inversión no llegará del exterior. Tan sólo para alcanzar el mismo nivel de inversión total como proporción del PIB de otros países, México requiere un flujo que supera a lo que normalmente ocurre.

En promedio, la inversión extranjera directa (IED) que se realiza en México es de solamente 3% como proporción del PIB, y ello ocurre cuando se vende una gran empresa mexicana al capital foráneo. Para alcanzar una cifra como la de Corea del Sur se requiere 5.5% más como proporción del PIB, casi el doble de la IED promedio. Es evidente que los niveles de las otras economías citadas requieren un flujo que no llegará del exterior.

Sólo la inversión privada nacional, complementada con la extranjera puede lograrlo. Para ello se requiere una nueva estrategia de política económica, la aplicada en los últimos 35 años no es suficiente. No se debe olvidar, sin inversión no hay crecimiento, esa es la agenda pendiente que se debe atender y la cual no podrá cumplir sólo con medidas de apertura comercial, particularmente si no se ataca de frente el comercio desleal.

Por José Luis De la Cruz Gallegos
Director del Instituto para el Desarrollo
Industrial y el Crecimiento Económico
y Presidente de la Comisión de
Estudios Económicos de CONCAMIN

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.