Lecciones de democracia, demagogia y elecciones

Siento un gusto particular en compartir con la comunidad industrial un episodio de mi vida dual como Consejero Electoral Federal por el Estado de México. Debo agradecer a mi Presidente y a mi Director General, además de a mis 30 presidentes de Comisión la paciencia y confianza de poder desempeñar paralelamente a mi función en CONCAMIN, la importante tarea que el Instituto Nacional Electoral me designó.

La expectativa nacional sobre la elección de 2017 cautivó más a los medios de información y comunicación, que a la propia ciudadanía. La nota previa a la jornada electoral fueron imágenes que amedrentaban la participación del electorado. La aparición de cabezas de cerdo ensangrentadas y cruces de hierro pintadas en rojo fueron el furor de las redes sociales previo a la elección.

Como toda elección, ésta tuvo particularidades que merecen la pena destacar, pero al final demostró similitudes a las elecciones de siempre.

¿Cómo fue el antes y el después de la elección?

Antes, tuvimos candidatos sin propuesta concreta, acusaciones de excesos en gastos de campaña y sobre todo una ciudadanía que no conectó con los candidatos. Parecía que los candidatos hacían eventos políticos, “mítines”, para sus propios parroquianos. Era común ver en las primeras filas de las concentraciones y en los templetes, a los mismos actores políticos en una itinerancia de más de cuatro veces por semana.

Antes, pudimos ver una campaña que se parece mucho a lo de siempre, que parece repetir un manual con discursos predeterminados en ideas que no representan al ciudadano, donde se abusa del uso de redes sociales, fotografías, selfies y celebraciones colectivas donde las personas asisten por escuchar la variedad pagando el precio de un par de horas de discursos con porras. Todo sea por romper la monotonía.

Antes, fueron los mismos candidatos pero nosotros fuimos la misma clientela política.

Después, las redes sociales se convirtieron en el termómetro diario del interés e involucramiento ciudadano. Los “memes” y los errores al enunciar discursos fueron la sensación y motivo de noticia.

Después, vimos el potencial de la tecnología móvil en favor de la democracia. Sin embargo lo que parecía su más ambicioso proyecto, el “PREP CASILLA”, no sobrevivió la partidocracia ni la ley electoral.

El “PREP CASILLA” es un intento de proveer a los presidentes de casilla de un teléfono móvil con un software preparado y encriptado para tomar una foto al acta de la casilla, para posteriormente enviarla al Centro de Información del INE para obtener un conteo rápido de la jornada antes de las 8 de la noche. Falló al no ser aprobado por los partidos políticos en una impugnación que el Tribunal Electoral confirmó al dar razón a los propios partidos políticos. El resultado fue tener que esperar al PREP clásico del órgano electoral local, que a las 10 de la noche del día de la elección aún no contabilizaba ni la mitad de los votos emitidos.

Después vivimos, al menos en el Estado de México, una contienda con tres mujeres como candidatas y con posibilidad de ganar. Así el PAN, MORENA y una candidata independiente contendieron por el mismo puesto. Esto es un avance digno de considerar en la equidad de género y acceso a puestos de elección popular en igualdad de condiciones.

Después, conocimos el uso de “foto fakes” o foto montajes que distorsionan la realidad de la elección. Desde mentiras, sensacionalismo e imágenes amarillistas pudimos conocer la vulnerabilidad de los candidatos y sus partidos, destacando el sentido del humor y ligereza con que los ciudadanos percibimos a nuestros aspirantes a servidores públicos.

Después, fue la elección de los millenials porque participaron y porque no participaron. Este grupo generacional como promesa y futuro de la realidad mundial ha roto esquemas en participación ciudadana. Son activos en redes sociales pero no han roto el esquema de participar activamente en ejercicios de movilización social. Queda pendiente conectar el dicho con la acción.

Incluso con herramientas como “Megáfono electoral” en Facebook no fue posible promover el voto de los millenials mexicanos. En Estados Unidos de América, Francia y Reino Unido esta herramienta demostró ser un incentivo para que las nuevas generaciones participasen. En México fue la primera ocasión que se utilizó y no tuvo el efecto esperado, que era la participación.

Fue una votación atípica, como todas, ésta trajo consigo una participación superior al 50 por ciento. Al menos 54% en el Estado de México, donde el padrón era superior a 11 millones de electores potenciales. Votaron casi 6 millones de personas en una sola entidad, más que el padrón de Veracruz, casi tres veces el padrón de Coahuila y más de 15 veces el padrón de Nayarit.

En muchas localidades votaron jóvenes, en otras sólo personas mayores de 55 años. No fue una elección generacional, esto demuestra que los motivos de cada ciudadano reflejan una visión diferente como sociedad.

En resumen, esta elección no fue definitiva para marcar o medir tendencias rumbo a 2018. La historia será diferente, pues la diversidad de cada región del país marcará su propia realidad y tendencia. Imagino una elección donde la clave será descifrar la manera de conseguir la mayor participación posible. Convencer con propuestas que generen empleo, promuevan la productividad y ayuden a formar conciencia ciudadana contra la corrupción, promuevan la solidaridad y combatan la inseguridad.

El 5 de junio comenzó la contienda presidencial 2018 en una nueva etapa. La manera de hacer campañas será diferente sin lugar a dudas y al final del 2018 seguramente la legislación electoral cambiará de nuevo. El árbitro electoral será señalado como el responsable del éxito o fracaso de la democracia, cuando nosotros, ciudadanos, debemos ser corresponsables en ello. Sin embargo hay que estar conscientes que el árbitro tendrá que enfrentar una dualidad entre los OPLES y el INE.

Imagino nuevas maneras de realizar campaña, pienso en candidatos haciendo posicionamientos virtuales en plataformas como Netflix por ejemplo. ¿Cómo fiscalizará el INE, OPLE o la FEPADE el gasto que se haga en formatos virtuales como Netflix, Blim o Clarovideo?

Pienso en nuevas formas de promover el voto y coaccionarlo como los bitcoins, donde no se entrega una prebenda política tangible y mucho menos algo que esté previsto en la legislación actual con claridad. El escenario será por mucho interesante pero el reto uno: que la democracia no se confunda con demagogia y nuestra elección sea la mejor y más informada.

Conectar con el ciudadano, en este caso con los industriales, que son quienes apuestan en el terreno, maquinaria y por supuesto el empleo. Conocer qué oferta electoral tendrán los candidatos a la presidencia de la República no es la pregunta, sino la propuesta que los representantes del sector industrial deben hacer.

En la medida que exigimos un mejor perfil de nuestros servidores públicos, nosotros nos obligamos a mejorar en nuestro actuar diario. Podemos comenzar en elaborar una propuesta industrial para presentar un pliego petitorio que complemente las plataformas políticas de todos los partidos que pretenden nuestro voto. Así de simple, así de sencillo, pero debemos comenzar en nuestra conciencia.

Por Luis Cervera Mondragón
Director de Apoyo Técnico de CONCAMIN

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.