La Cité du Vin

La cultura del vino es milenaria. Inicia en Mesopotamia para viajar gradualmente hacia el oeste, donde floreció encontrándose con cepas autóctonas, que dieron una enorme variedad al vino. Cuatro mil años después cruza el Océano Atlántico para llegar a América. Durante siglos fue la bebida diaria, normalmente diluido: los griegos proponían dos partes de vino por cinco de agua y era la bebida de los Simposium. Además ayudaba a evitar enfermedades gástricas ya que las condiciones salubres del vino superaban con mucho a las del agua.

 

Conforme transcurrió el tiempo esta práctica se eliminó y el vino pasó a consumirse como lo hacemos ahora pero en cantidades mucho mayores: hace un siglo en Francia se bebían más de 180 litros por persona por año, ahora tan sólo son 57. México, como referencia, crece para acercarse a un litro. La historia del vino es tan extensa que decenas de miles de libros han sido publicados, aunado a un número similar de proverbios y dichos populares. Es, sin lugar a duda, la bebida que ha acompañado a la civilización occidental.

 

Sorprendentemente no existía un lugar donde se aglutinara esta realidad y se le rindiera la importancia que tienen en nuestra historia. Esto ha sido corregido, en mayo del año pasado se inauguró la Cité du Vin, la Ciudad del Vino, en Burdeos. Resulta importante recalcar que no es tan sólo un esfuerzo francés, aunque han sido de los principales contribuyentes, sino global donde los principales países productores han participado e inclusive México ha contribuido. Actualmente es administrado por la Fundación por la Cultura y Civilización del Vino quien realiza una labor extraordinaria.

 

La arquitectura del edificio en la ribera del Garona, a sólo dos kilómetros del centro de Burdeos, sin exagerar, resulta espectacular. El inmueble recuerda a una copa y su envolvente, donde se encuentra la sala de exhibición más importante, el movimiento del vino cuando lo hacemos girar para que respire. Su superficie rebasa los 13,000 metros cuadrados, de los cuales 3,000 son dedicados a la exposición permanente, además de áreas de degustación, restaurantes, biblioteca, auditorio, tienda y espacios para conferencias y exposiciones.

 

La exhibición permanente, muy moderna, es en su totalidad interactiva. Cada visitante recibe un aparato con auriculares y la información se activa al acercarlo al símbolo indicador. Por supuesto disponible en diversos idiomas y con un cúmulo de información: el escuchar la totalidad llevaría más de 10 horas. Consta de 19 salas iniciando por un video de las regiones del vino en el mundo resaltando la belleza de las mismas; continúa con globos terráqueos que al girarlos cambian la información, indicando cómo han viajado las cepas por el mundo. Las siguientes áreas nos ponen en contacto con las principales regiones en el mundo y con videos de los grandes productores quienes comparten su conocimiento y amor por el vino. No podía faltar una superficie amplia para poder oler los diferentes aromas que tiene el vino y cómo aportan a su deleite.

 

Dedica una zona muy extensa de la historia del vino y su relación con todas las religiones –ya se favoreciéndolo o en su contra– y cómo su percepción ha ido cambiando en el tiempo. No tan sólo rinde culto a los creadores del caldo sino a quienes participaron en su difusión y en particular los transportistas. En este proceso se produjeron desde las burbujas del champagne, al ser llevado de Reims a Londres, como se obtuvo el oporto, ya que al añadir azúcar para que arribase sin descomponerse se transformó en la bebida insignia de Portugal. No olvidemos que el vino es un líquido con vida y que cambia conforme transcurre el tiempo.

 

No tan sólo se loa al vino, hay una sección donde se indica el lado dañino de éste y como lleva al aislamiento y desesperación. Esta eterna paradoja se examina a través de pinturas, escritos, música y otras artes. Otra área muy interesante contiene la relación del vino con grandes hombres de la historia como Voltaire, Churchill y Napoleón. La exposición termina con la historia del vino en Burdeos y cómo ha ido forjando la identidad de ésta.

 

Igual de interesante fue la exposición temporal, en un formato clásico y sobrio, titulada Bistrot! De Baudelaire à Picasso donde relata la relación entre la vida de los artistas del finales del siglo XIX e inicios del XX en los bistrot y cafés, por supuesto aunado al consumo de vino.

 

Finalmente se accede al último piso, en la parte superior de la “copa” donde hay 20 vinos del mundo para catar, mismos que cambian mensualmente. De éstos, 10 son de Burdeos y entre los extranjeros el mexicano Chateau Camou que recibió comentarios muy positivos de las personas con las que conversé.

Por Santiago Barcón

Amante de los vinos

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