Juventud, motor para el desarrollo

Únicamente un análisis objetivo y profundo de la conformación social de nuestro país, nos permitiría vislumbrar las áreas de oportunidad que tenemos como sociedad. Este artículo no pretende ser exhaustivo, por el contrario, la intención es ahondar sobre un sector en particular, uno con amplio potencial transformador pero que enfrenta retos importantes.

La población juvenil en México juega un rol trascendental en el desarrollo y la modernización del país. Considerando que aglutinan al 26% de la población, y que tienen una inclinación natural a la proactividad y al ingenio, los jóvenes cuentan con un enorme potencial para el desarrollo tecnológico, la innovación y otras áreas de investigación de vanguardia. Ha sido, precisamente con el impulso de jóvenes talentosos, que se ha dotado al mundo de nuevos modelos de negocios y métodos en sus operaciones.

Considerando el potencial transformador y de desarrollo que tiene este grupo etario, es necesario primero entender algunos de los principales retos que enfrenta: educación, participación ciudadana y empleabilidad. Sabiéndonos en la era de la globalización, donde los puntos de contacto en materia instrumental y comunicativa han crecido exponencialmente, debemos de saber advenir el futuro para concluir que aún resta mucho por hacer.

En primera instancia, para lograr una incorporación laboral juvenil, extensa y apropiada, hay que partir de la idea de que los industriales debemos participar también en el debate correspondiente a la agenda educativa. El 42.5% de los jóvenes que abandonaron sus estudios fue por necesidad de trabajar y el 22.6% porque ya no les gustaba estudiar; aunado a los altos índices de deserción estudiantil, según la Encuesta Nacional de Valores en Juventud 2012 (ENVJ), el 62.4% de los jóvenes dijo haber estado algo o poco satisfecho con el nivel de estudios que tiene.

En lo que refiere a participación ciudadana, los jóvenes suelen ser considerados como un grupo apático a la política. Y es que los índices de abstención típicamente superan el 40% en elecciones federales, a pesar de que los electores ente 18 y 29 años representan ya el 29% de la lista nominal. Podemos observar un desencanto, no sólo en función de la participación electoral sino de su integración al servicio público, es así que durante la gestión del entonces Presidente Felipe Calderón Hinojosa, 204 mil 354 jóvenes trabajaron en su administración, mientras que en el actual gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto se contabilizaron 104,833; es decir, dos de cada diez servidores públicos en el gobierno federal son jóvenes.

A la luz de los importantes retos que tiene la juventud en estas materias, debe considerarse como un área de oportunidad el valor que ellos le dan al tema laboral. Por ejemplo, según la ENVJ 2012, para el 60% de los jóvenes la política es poco o nada importante, mientras que el trabajo sí es importante para el 92% de ellos.

Los industriales nos podemos proyectar como un sector líder que está comprometido con el impulso al potencial juvenil. De acuerdo con datos de CONCAMIN, los jóvenes representan el 30% de la población económicamente activa en México. Los jóvenes se distribuyen de la siguiente manera en el sector laboral: la mayor parte de este grupo trabaja en el sector servicios (38.8%); seguido por 20.1% que laboran en el sector comercio; mientras que otro 18.9% participa en la industria manufacturera; 12.3% en el sector agropecuario y 8.6% en la industria de la construcción.

El reto es incorporar al sector industrial a jóvenes capacitados y procurar su desarrollo en el sector industrial, y hacerlo con perspectiva de género, y es que entre el 2005 y el 2016 la tasa de participación promedio en el sector laboral de los hombres fue de 82.25%, mientras que para las mujeres fue de 45.07 por ciento.

Si bien desde la iniciativa privada, particularmente en el sector industrial, se han abierto espacios para los jóvenes y se ha impulsado el emprendimiento, de acuerdo con datos del Instituto Mexicano de la Juventud, sólo 6.5% de los jóvenes han intentado comenzar un negocio y lo han logrado mantener, en el 26% la causa de los fracasos ha sido la falta de recursos económicos.

Los esfuerzos nacionales deben acompañar también los objetivos posicionados en la Agenda Internacional, especialmente aquellos de la Organización de Naciones Unidas en materia de jóvenes, establecida dentro de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Habiéndonos alineado con las corrientes internacionales podremos incorporar las mejores prácticas globales en nuestro país, mejorando sustancialmente la calidad de vida de nuestros jóvenes.

El llamado es bidireccional, es fundamental la colaboración entre el sector privado y el gobierno con el fin de fortalecer programas existentes como el modelo dual y apoyo a emprendedores, pero también para desarrollar de manera conjunta nuevos y más eficaces programas que faciliten a los jóvenes, por un lado, el acceso a educación especializada y de calidad y, por otro lado, acceso al primer empleo.

El ingenio, la proactividad de los jóvenes y su visión renovada deben de poder hacer uso de una plataforma nacional cuyo sostén no provenga exclusivamente del gobierno. Esta es una generación que con facilidad puede hacer uso de las nuevas tecnologías para cambiar paradigmas y tener un papel preponderante en la sociedad como motor de cambio y de responsabilidad social.

Por: Laura Lizette Enríquez Rodríguez
Titular de Asuntos Públicos y Relaciones Gubernamentales
Cámara Nacional de la Industria de la Cerveza y de la Malta “Cerveceros de México”

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