2020: el saldo de la recesión industrial

Resumen

El resultado de la actividad industrial en noviembre contiene mensajes que deberán leerse con atención:

  • Sin lugar a duda que el retroceso de (-) 3.3% en dicho mes atenúa la contracción del 2020 (gráfica 1) y es resultado de que 8 componentes de las manufacturas y la minería de minerales no metálicos lograron tasas positivas. El resto de la industria sigue en terreno negativo.
  • Lo anterior favorece la tendencia de recuperación en los principales componentes del sector industrial. No obstante, es prudente mencionar que la mayoría se encuentra en niveles inferiores a los observados antes del Covid-19.

o A ese ritmo, la recuperación general de la industria llegará a finales del 2022.

  • Por otra parte, el resultado de noviembre presenta la caída 25 en los últimos 26 meses y confirma que el covid-19 exacerbó la tendencia preexistente de debilitamiento industrial.
  • Lo anterior tiene efectos que no se deben subestimar:

o La capacidad potencial de la industria en general, así como de las manufacturas, la construcción, minería y la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final se encuentra a la baja:

▪ El sector industrial tiene menores inversiones y su crecimiento será limitado una vez que pase la fase de “rebote” que se observará entre abril y agosto próximos.

o La industria nacional se encuentra bajo el fuego cruzado y las oportunidades que se desprenden tanto de la recesión interna causada por la pandemia como de las acciones que otras naciones implementarán para rescatar sus respectivas economías.

o Bajo dicho contexto hay preguntas que el país deberá responder, entre ellas ¿qué país se quiere legar después de la mayor recesión que se ha enfrentado en un siglo? Algo es claro, la mayor parte de los países comenzará por atender sus necesidades propias.

  • Bajo dicho contexto se debe considerar que el avance del Covid-19 ha precipitado el debilitamiento sistémico de la industria mexicana

o De acuerdo con el INEGI, entre enero del 2001 y noviembre del 2020 el promedio de crecimiento anual del sector industrial fue de únicamente 0.2%. Sin contar las cifras del periodo abril-noviembre del 2020 el incremento fue de 0.7%.

o ¿Qué significa lo anterior? La actividad industrial del país exhibía un bajo desempeño aún antes del Covid-19: la ausencia de una estrategia de desarrollo industrial cobró una elevada factura.

  • La magnitud de la recesión económica asociada a la pandemia (ocho meses) provocó una disminución de medio punto porcentual en el modesto promedio de crecimiento industrial contabilizado en casi 20 años.

o Lo descrito fue provocado por la variación negativa promedio de (-) 13.6% registrada entre los meses de abril y noviembre del 2020, una situación que no solo provocó la contracción de (-) 10.8% observada en los primeros once meses del año pasado, también implicó la caída en el promedio de crecimiento del sector industrial durante las últimas dos décadas.

  • El avance del Covid-19 afectó la evolución de los principales componentes del sector industrial:

o Sin considerar el periodo asociado a la pandemia, la minería exhibía un incremento promedio de (-) 1.5%, la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final de 4.1%, la construcción de 1.0% y las manufacturas de 1.2%.

o Después de ocho meses de Covid-19 (enero 2001-noviembre 2020) todos los promedios disminuyeron: minería a (-) 1.6%, la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final a 3.7%, construcción a 0.3% y a manufacturas 0.7%.

▪ La construcción: acumula 27 meses de variaciones negativas en los últimos 28 meses.

Ante las restricciones que la nueva realidad global y nacional impondrá por el avance del Covid-19, México deberá establecer un nuevo marco estratégico de desarrollo, uno que contemple el Diálogo y el Fortalecimiento Productivo Nacional.

La recesión asociada al Covid-19 ha erosionado las oportunidades de desarrollo económico y social, México deberá actuar con eficacia y eficiencia en la elaboración y ejecución de una ruta crítica que considere a detalle los cambios que están ocurriendo. Sin ello la ilusión de un crecimiento positivo en 2021 podría ser un espejismo que cause una recaída a partir del 2022.

Análisis

La transformación asociada al Covid-19 tendrá consecuencias globales para las que México debe prepararse. La industria nacional se encuentra bajo el fuego cruzado y de las oportunidades que se desprenden tanto de la recesión interna causada por la pandemia como de las acciones que otras naciones implementarán para rescatar sus respectivas economías.

El crecimiento económico de México en el 2021 será positivo, pero no se debe sobredimensionar su resultado: será producto de una recuperación temporal asociada a la caída de 8.5% que se registró en 2020.

Bajo dicho contexto hay preguntas que el país deberá responder, entre ellas ¿qué país se quiere legar después de la mayor recesión que se ha enfrentado en un siglo?

La mayor parte de los países comenzará por atender sus necesidades propias, el comercio internacional no representará una fórmula de crecimiento económico que supere los alcances de la crisis del 2020: se reactivarán algunas exportaciones e importaciones, pero las inversiones estratégicas se realizarán en función de las necesidades de empleo y crecimiento propio.

La llegada de inversión extranjera será selectiva, se encontrará vinculada a sectores que las empresas trasnacionales y sus gobiernos consideren necesarios para alcanzar sus objetivos nacionales y globales. No habrá dinero gratis.

Por ello México requiere de un Acuerdo y Diálogo Nacional que impulse sus capacidades internas y le permita encontrar las asociaciones estratégicas con el exterior.

No obstante, habrá un requisito esencial: para poder hacer frente al árido terreno que el Covid-19 está heredando se requiere de una estrategia de Fortalecimiento Productivo Nacional: sin empresas sólidas no habrá más empleo formal e inversión productiva.

Además, no se debe olvidar que la industria mexicana se encuentra inmersa en un profundo cambio estructural sobre el cual no tiene control y que deberá enfrentarse con una lógica de política económica que aproveche las oportunidades que existen en el entorno nacional e internacional, de otra forma México permanecerá inmerso en el círculo vicioso de precarización social de los últimos 40 años.

  • La mano invisible del comercio internacional y de la inercia no serán útiles en esta ocasión, Estados Unidos, la Unión Europea, Gran Bretaña y Canadá se encuentran resolviendo sus desequilibrios internos y los vinculados con el avance del Covid-19.
  • China ha logrado atraer a su esfera de influencia a Corea del Sur y Japón: México tiene que establecer un mecanismo de colaboración con el Este de Asia que no debilite más a la industria nacional.
  • El TMEC se encuentra bajo la definición que Joe Biden hará cuando asuma la presidencia de Estados Unidos: ¿aplicará todo el peso legal del marco laboral, energético, medioambiental y de contenido regional sobre Canadá y México? De inicio no se debe olvidar que el objetivo de Biden es impulsar a las manufacturas hechas en Estados Únicos por trabajadores estadounidenses.

Bajo dicho contexto se debe considerar que el avance del Covid-19 ha precipitado el debilitamiento sistémico de la industria mexicana y en consecuencia ha limitado la aportación que el sector debería realizar al desarrollo nacional:

  • De acuerdo con las cifras del INEGI, entre enero del 2001 y noviembre del 2020 el promedio de crecimiento anual del sector industrial fue de únicamente 0.2%. Sin contar las cifras del periodo abril-noviembre del 2020 el incremento fue de 0.7%.

¿Qué significa lo anterior? Básicamente pone en evidencia que la actividad industrial del país exhibía un bajo desempeño aún antes del Covid-19: la ausencia de una estrategia de desarrollo industrial cobró una elevada factura, la de un crecimiento que ni siquiera alcanza a reponer el aumento de la población.

  • La oportunidad es clara: la reconstrucción y revitalización de la industria nacional, a un crecimiento de por lo menos 3%, permitiría alcanzar un PIB de 4%. Sin mayor valor agregado en la industria nacional no es posible lograrlo.

Lo anterior se deriva de los resultados del sector industrial durante la pandemia: al considerar el periodo que involucra el avance del Covid-19, la modesta cifra de 0.7% antes mencionada se convirtió en 0.2%:

  • La magnitud de la recesión económica asociada a la pandemia (ocho meses) provocó una disminución de medio punto porcentual en el promedio de crecimiento industrial que se había contabilizado en casi 20 años.
  • Lo descrito fue provocado por la variación negativa promedio de (-) 13.6% contabilizada entre los meses de abril y noviembre del 2020, una situación que no solo provocó la contracción de (-) 10.8% observada en los primeros once meses del año pasado, también implicó la caída en el promedio de crecimiento del sector industrial durante las últimas dos décadas.

Además, es pertinente mencionar que el avance del Covid-19 afectó la evolución de los principales componentes del sector industrial:

  • Sin considerar el periodo asociado a la pandemia (enero 2001-marzo 2020), la minería exhibía un incremento promedio de (-) 1.5%, la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final de 4.1%, la construcción de 1.0% y las manufacturas de 1.2%.
  • Después de ocho meses de Covid-19 (enero 2001-noviembre 2020) todos los promedios disminuyeron: minería a (-) 1.6%, la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final a 3.7%, construcción a 0.3% y a manufacturas 0.7%.

El debilitamiento de los componentes que conforman el sector industrial mexicano tiene una dinámica propia que deberá analizarse por separado porque cada uno de ello requerirá una estrategia de reconstrucción que deberá estar alineada a una general de Política Industrial, de otra forma no se podrá superar tanto la etapa asociada al Covid-19 como a la fragilidad estructural preexistente.

En primera instancia se tiene a la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final. En términos generales era el componente industrial que había alcanzado un mejor desempeño durante los últimos 20 años, su crecimiento superaba el resultado tanto del PIB nacional y como el del sector industrial en su conjunto. No obstante, la caída de (-) 7.3% registrada entre abril y noviembre del 2020 causó un descenso en el promedio de los últimos 20 años.

En el caso de la construcción el desequilibrio es aún mayor: acumula 27 meses de variaciones negativas en los últimos 28 meses, una situación que muestra una fragilidad anterior a la aparición del Covid-19. La falta de inversión en infraestructura y la contención en la edificación provocaron que el promedio de los últimos 20 años fuera de únicamente 1.0%. La aparición del Covid-19 ha causado un daño más significativo a un sector productivo que la mayoría de las naciones considera estratégico para su desarrollo social y económico:

  • Entre abril y noviembre del 2020 el sector de la construcción retrocedió (-) 21.3% en promedio. La caída en los primeros once meses del 2020 fue de (-) 17.8%. Dicha evolución causó que el promedio de los últimos 20 años haya pasado de 1.0% a sólo 0.3%.
  • En este aspecto se debe considerar que ninguna nación ha logrado superar situaciones de pobreza y bajo desarrollo económico sin contar con un sólido sector de la construcción.

Para el caso de las manufacturas la situación es similar al de la construcción: el promedio de incremento antes del Covid-19 fue de 1.2%, al considerar la pandemia bajó a 0.7%.

  • Como se observa, el desequilibrio en las manufacturas también es sistémico: a pesar de ser un país exportador, México tiene un bajo valor agregado en la fabricación de bienes manufacturados. La elevada dependencia de insumos intermedios importados, así como de maquinaria y equipo ha disociado el alto dinamismo de las exportaciones del crecimiento económico tanto del sector manufacturero como del país en general.

o El elevado aumento de las exportaciones no se logra con un incremento en la producción nacional de insumos intermedios, en realidad se hace a través de importaciones que reducen el beneficio de las exportaciones.

o En esencia lo anterior fue producto de sustituir la producción nacional, lo Hecho en México, con importaciones de países en donde existe tanto un apoyo de sus gobiernos como la generación de un entorno que impulsa la innovación tecnológica y el financiamiento.

  • El resultado fue el de un crecimiento promedio de las manufacturas de 1.2% entre enero del 2001 y marzo del 2020. Lamentablemente la aparición del Covid-19 mermó aún más ese modesto desempeño.

Bajo dicha realidad ¿Cómo enfrentará México los nuevos retos impuestos por un mundo con mayor proteccionismo, una mayor competencia derivada de los acuerdos firmados entre China, Corea del Sur, Japón, y entre otras naciones, ¿así como por el cierre de empresas mexicanas contabilizado en 2020?

El sector minero también enfrenta un desafío estructural. Antes del Covid-19 tenía una variación promedio de (-) 1.3%. Entre abril y noviembre retrocedió a una tasa promedio de (-) 3.3%. Como resultado, la minería se mantiene con una dinámica negativa. Al interior del sector se puede considerar que el mayor reto se encuentra en la extracción de petróleo y gas: durante los últimos 20 años no se ha logrado implementar una estrategia que permita recuperar su capacidad productiva al mismo tiempo que se alcance una mayor integración respecto a la dinámica del resto de la industria nacional.

Reflexión final

El debate sobre el futuro de la economía nacional ha comenzado y las perspectivas oscilan desde una visión optimista que emana de la Secretaría de Economía (SE) hasta la posición crítica esgrimida por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Para el subsecretario de Industria, Comercio y Competitividad de la SE, Ernesto Acevedo, lo peor ha pasado y México crecerá hasta 6% en el 2021.

Desde su punto de vista el oxígeno para la economía mexicana vendrá, como en otras recesiones, de Estados Unidos y se transmitirá gracias al T-MEC: «tenemos algunas señales en el contexto global que México va aprovechar muy bien, la tensión comercial entre China y Estados Unidos va seguir, incluso después de que termine la administración del presidente Trump».

Su prospectiva se basa en la reactivación del sector automotriz estadounidense, así como en el posible aumento de inversión derivado de los programas de apoyo que Joe Biden implementará cuando ocupe la presidencia de Estados Unidos.

¿Qué hará México para no ser afectado por la estrategia de Biden de favorecer lo Hecho en Estados Unidos? Apostar por la inercia podría no ser suficiente.

De igual forma no se debe subestimar la dependencia que la economía norteamericana ha exhibido respecto a los insumos y bienes elaborados en China: ni la postura extrema de Donald Trump logró eliminarla.

Tampoco se debe olvidar que el TMEC tiene aspectos de contenido regional que obligan a realizar cambios en la estructura productiva para aumentar el valor agregado, la fabricación de insumos intermedios y la innovación tecnológica en América del Norte. Todo ello implica inversiones millonarias que México debería realizar: la inversión extranjera directa muestra fuertes contracciones en materia de nuevas inversiones y en reinversión de utilidades.

Sin programas de fomento a lo Hecho en México, mayor financiamiento de la banca de desarrollo y la creación de una política industrial que favorezca el desempeño de los sectores estratégicos nacionales, difícilmente se podrá tener un crecimiento robusto que vaya más allá del “rebote” citado por Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI.

Para Werner “el país seguirá exhibiendo un entorno de inversión bastante mediocre y una situación de creación de empleos difícil”. Su posicionamiento fue contundente y derivado de la ausencia de una política fiscal y monetaria contracíclica que aproveche las históricas bajas tasas de interés: “el reto de crecimiento para la economía es enorme. Vemos como en términos del PIB per cápita, que difícilmente regresará México a los niveles de 2018 antes de 2026 o 2027”.

Werner y Acevedo coinciden con el Secretario de Hacienda en que es positivo contar con vacunas que permitan avanzar en la inmunización de la población mexicana.

No obstante, habría que considerar si será suficiente con vacunar a menos de 30 millones de mexicanos para pensar que se podrán superar las restricciones que el avance del Covid-19 y el cuidado de la salud de la población mexicana imponen.

Lamentablemente la economía mexicana se encuentra débil y tiene poco margen de maniobra para soportar más confinamientos. Por ello es fundamental que se cuente con prospectivas que permitan tomar las decisiones adecuadas.

Bajo ese contexto se debería propiciar un entorno económico y el diálogo adecuado para incrementar la inversión privada, la única que podría aumentar a lo largo del año. La inversión pública se encuentra determinada por el presupuesto aprobado a finales del 2020.

Fuente: VozIndustria-20210111-Vol-09-Num-246-el-saldo-de-la-recesion-industrial-de-2020a.pdf

Publicado en Revista Industria Digital

11 de enero de 2021

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