Desarrollo industrial, una agenda pendiente

Resumen

¿Cuál será el devenir de la sociedad y economía mexicana durante los años que seguirán a la recesión que se vive en el 2020?

De inicio, México debe establecer sus sectores y cadenas de valor estratégicas ante el confinamiento que avanza en Europa por Covid-19: es fundamental evitar un evento económico negativo como el registrado al inicio del año para contener a la enfermedad.

La industria y economía nacional requieren acelerar su proceso de recuperación a través de una estrategia fundamentada en la promoción de inversión productiva, la colaboración pública-privada, el establecimiento de una estrategia integral de política industrial que promueva el contenido nacional (lo Hecho en México) y el incremento de la eficacia en la generación de valor agregado por parte del sector público. Las cifras oficiales muestran la pertinencia de lo anterior:

  1. Se debe alcanzar una mayor colaboración público-privada, es algo estratégico para revertir la tendencia negativa que mantiene el valor agregado generado por el sector público: durante el 2019 reportó una caída de (-) 2.9% (gráfica 1), razón por la cual la economía tuvo un desempeño negativo.
  2. El sector privado creció 0.5% un resultado modesto que no logró compensar la caída en la parte pública.
  3. Una de las principales áreas de oportunidad se encuentra en las empresas públicas energéticas: su valor agregado retrocedió (-) 5.7%, un factor que va en contra del desarrollo industrial, económico y social.
  4. Como resultado: el valor agregado promedio del sector público, entre el 2004 y el 2019 es de (-) 0.3. El del sector privado es de 2.8%.
  5. Un aumento en la eficacia de la administración pública, incluyendo la Ciudad de México y los estados, elevaría el crecimiento y desarrollo del país y aliviaría la carga del sector privado en materia de generación del bienestar económico: entre el 2004 y el 2019 fue el factor más estable a favor del desarrollo económico de México.
  6. Lo descrito es necesario para acelerar la recuperación industrial mexicana. De acuerdo con el INEGI, en agosto el sector acumuló su caída consecutiva número 23, únicamente dos de los 29 componentes
  7. La capacidad potencial de la industria nacional mantiene una tendencia a la baja, aunque parece que su ciclo económico, así como el de la construcción y las manufacturas ha tocado fondo, al menos en el corto plazo.
  8. Con ello se puede anticipar que la industria podría comenzar a registrar tasas positivas de crecimiento en los primeros meses del 2021. No obstante, para que sean sostenibles, se requiere de recuperar un proceso de inversión con tasas superiores al 12%, de otra forma la desaceleración volverá a presentarse desde el último trimestre del 2021.
  9. A nivel estatal hay elementos relevantes por considerar para asegurar una recuperación integral y con un efecto social positivo:
  10. En los primeros 6 meses del 2020, sólo Tabasco registró una tasa de crecimiento positiva, las otras 31 entidades federativas exhibieron un resultado negativo no observado recientemente. Se puede estimar que dicho comportamiento se mantendrá para el resto del año porque los resultados de la construcción y las manufacturas a nivel estatal muestran un resultado negativo similar.
  11. Para hacer frente a este desafío se requiere un Acuerdo Nacional que permita consolidar estrategias que promuevan el crecimiento y desarrollo de México, particularmente en un momento en donde la segunda oleada del Covid-19 avanza en Europa, así como el proteccionismo global.

Análisis

En agosto pasado la actividad industrial de México retrocedió (-) 8.4% a tasa anual,1 con ello se acumularon 23 meses de tasas negativas en el sector productivo más relevante tanto para la exportación como para el desarrollo de la infraestructura vital para empresas y hogares.

El promedio de crecimiento en los primeros ocho meses del 2020 fue de (-) 13.3%. Por componentes:

  • La minería retrocedió (-) 3.4% en agosto y su promedio anual es de (-) 1.3%.
  • La generación, transmisión y distribución de electricidad, gas y agua bajo (-) 4.8% en el octavo mes de año y promedia (-) 5.3% en 2020.
  • La construcción cayó (-) 14% en agosto. Su promedio anual es de (-) 20.5%.
  • Para el caso de las manufacturas, la variación del octavo mes fue de (-) 7.7% con lo que su promedio es de (-) 14.4%.

Durante agosto casi todos los componentes de la actividad industrial exhibieron una tasa negativa, salvo el caso de la industria de las bebidas y el tabaco, así como la fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica.

Bajo dicho contexto se puede apreciar que la minusvalía de la industria nacional se modera. No obstante, es evidente que, aún con la reapertura de actividades que se presentó durante agosto, persistió un entorno negativo en casi todo el sector.

Como resultado de lo anterior se puede observar que el ciclo industrial parece tocar fondo en agosto y con ello que la economía podría registrar resultados positivos en el sector hacia el primer trimestre del 2021.

La noticia positiva debe tomarse con cautela: parte de ese resultado es atribuible a la caída sistémica del potencial de crecimiento en el sector industrial.

¿Qué implicación estructural tiene lo anterior?

  1. Los principales componentes de la actividad industrial también exhiben una moderación en la tendencia negativa de su ciclo económico o de su tendencia.
  2. Al igual que para el caso de la actividad industrial total, se debe considerar que parte de ello se encuentra vinculado a la caída de la capacidad potencial en los sectores de la construcción, manufacturas, minería y generación, transmisión y distribución de electricidad y agua.
  3. Por ello, se observa una reducción de la brecha que existe entre las cifras publicadas por el INEGI y la capacidad potencial de los diversos sectores que conforman la actividad industrial: convergen con una tendencia negativa, una dinámica que pronto comenzará a mostrar un ciclo económico al alza, pero el cual deberá considerarse con reserva.

México comenzará a tener resultados anuales positivos en su sector industrial en los albores del 2021.

  • Sin embargo, y para que sean sostenibles, es indispensable incrementar significativamente la inversión que se realiza en la industria nacional, ello para revertir la caída estructural que se contabiliza en su capacidad productiva potencial. De otra forma los resultados que se observarán hacia finales del 2021 volverán a presentar el inicio de una nueva fase de desaceleración industrial que podría afectar a la economía nacional durante el segundo semestre del 2022.

De acuerdo con la información disponible, la estrategia que tiene mayor probabilidad de alcanzar resultados que incidan positivamente en el crecimiento económico requiere de:

  1. Favorecer el incremento de la inversión privada en sectores y regiones estratégicas: de acuerdo con el INEGI la contribución del sector privado al valor agregado bruto de la economía fue de 84.1% en 2019, en tanto que la del sector público fue de sólo 15.9%.
  2. Elevar la eficacia del gasto público en sus tres niveles de gobierno. De acuerdo con el INEGI, “a lo largo de 2019 el valor agregado bruto del Sector público disminuyó en términos reales (-) 2.9% respecto al año anterior. Al interior del sector, el Gobierno general descendió (-) 0.6% y las Empresas públicas lo hicieron en (-) 5.9 por ciento”.
  3. El resultado negativo del sector público incidió en el retroceso económico observado durante el 2019: el sector privado incremento su valor agregado en 0.5% un resultado modesto que no pudo compensar la disminución citada en la generación de valor agregado por el sector público.

Además, debe recordarse que entre el 2004 y el 2019 el promedio de crecimiento del valor agregado generado por el sector público se encuentra estructuralmente en terreno negativo: (-) 0.3%. Por el contrario, la tasa promedio del sector privado fue de 2.8%. En la práctica, el crecimiento económico de México depende de la eficacia del sector privado.

La mayor área de oportunidad se encuentra en las empresas públicas energéticas, cuya tasa de crecimiento promedio en el periodo citado fue de (-) 2.7%, un incremento en su eficacia favorecería el desarrollo económico e industrial de México. Lo último es necesario porque México no solamente acumula 23 meses con tasas negativas de crecimiento en el sector industrial, la cadena más larga de resultados |9 adversos en la historia moderna del país. La recesión industrial se extendió a casi todas las entidades del país.

  • Durante el primer semestre del 2020 únicamente Tabasco ha logrado tener una tasa de crecimiento promedio positiva: 31 estados de la república exhiben tasas negativas de desempeño en materia industrial.

o Cinco entidades tienen variaciones negativas entre 0% y (-) 10%.

o 17 entidades retrocedieron entre (-) 10% y (-) 20%.

o Ocho estados tuvieron caídas de entre (-) 20 y (-) 30 %

o Baja California se contrajo (-) 41.2%.

  • Los resultados fueron similares para el caso de las manufacturas: únicamente Tabasco y Baja California Sur contabilizaron un resultado positivo: 30 estados contabilizaron contracciones:

o Ocho retrocedieron entre 0% y (-) 10%.

o 15 presentaron una minusvalía de entre (-) 10% y (-) 20%.

o En siete la disminución superó el (-) 20%.

  • En el caso de la construcción únicamente Sonora y Colima tuvieron un resultado positivo, en tanto que 30 estados mostraron un desempeño adverso:

o 12 entidades cayeron entre (-) 19% y (-) 20%.

o Nueve bajaron entre (-) 20% y (-) 30%. o En 8 estados la reducción fue de entre (-) 30% y (-) 40%.

o En Baja California Sur la variación promedio fue de (-) 53.4%.

  • La generación, transmisión y distribución de electricidad, gas y agua, tuvo un comportamiento más favorable, algo atribuible a que son bienes de primera necesidad tanto para la actividad productiva como para los hogares mexicanos:

o 14 estados presentaron una tasa positiva.

o Siete una variación negativa de entre 0 y (–) 10%.

o Siete una baja de entre (-) 10% y (-) 20%. o Cuatro exhibieron una contracción superior al (-) 20%.

  • En el caso de la minería:

o 10 entidades presentaron una tasa de crecimiento promedio positiva.

o Seis estados una minusvalía de ente 0 y (-) 10%.

o 10 una reducción de entre (-) 10% y (-) 20%.

o Cuatro una caída de entre (-) 20% y (-) 30%.

o En Querétaro y Oaxaca la contracción superó el (-) 30%.

Con base a los resultados descritos se puede observar que la recesión industrial ha penetrado profundamente el tejido productivo del sector tanto a nivel regional como sectorial, por lo que la recuperación de la industria mexicana requiere un programa de Desarrollo Integral con visión sectorial y regional que además tenga la capacidad de ser competitivo a nivel internacional. La magnitud de la crisis plantea un reto que solo se podrá superar eficazmente con la instrumentación de una política industrial.

Reflexión final

La recesión de la industria nacional comenzó en 2018, cuando la debilidad del sector de la construcción y la extracción del petróleo y gas convergieron en una dinámica poco favorable para el crecimiento industrial.

Durante 2019 la tendencia negativa de las manufacturas terminó por configurar una recesión que fue llevada al extremo por el Covid-19: la desaceleración industrial de Estados Unidos afectó las exportaciones mexicanas en sectores estratégicos y se combinó con el bajo desempeñó que ya exhibía el mercado interno nacional.

La aparición del Covid-19 dislocó las manufacturas globales y el comercio internacional, desde febrero se comenzaron a sentir los primeros efectos con el cierre de Wuhan en China, una de las zonas industriales más importantes del país asiático y de la cual dependía una parte del abastecimiento de las cadenas globales de valor.

El confinamiento aplicado en México, Estados Unidos y Europa (que no contó con una estrategia de visión global) derivó en una recesión que, a diferencia de lo que ocurre en China, aún se extiende en dichos países y regiones. La cura de la economía mundial sigue sin aparecer y para el caso de México la mayor profundidad de la contracción económica se aprecia en su sector industrial.

¿Cuál será el devenir de la sociedad y economía mexicana durante los años que seguirán a la profunda recesión que se vive en el 2020?

La visión positiva afirma que “toda crisis es una oportunidad”. Si ello fuera cierto, se podría afirmar que, en los últimos 50 años, México ha sido un paraíso de oportunidades no aprovechadas.

Desde 1968 han existido conflictos sociales, políticos y económicos que han cimbrado al país, muchos de los cuales, de forma individual, habrían provocado cambios profundos en cualquier otra nación.

En el terreno económico los primeros signos visibles de un profundo desequilibrio se presentaron desde 1975, cuando los problemas de las finanzas públicas y la corrupción desembocaron en la crisis por deuda registrada en 1982.

La década pérdida fue la consecuencia de lo anterior. Las explosiones de San Juanico en 1984, el terremoto de 1985, el fracaso de varios programas de rescate financiero (el Plan Baker, por ejemplo), la caída estructural del precio del petróleo y la crisis bursátil de 1987 definieron la que hoy se conoce como la Década Pérdida.

Por su parte, la crisis de 1995 mostró claramente la fragilidad financiera y económica de México e hizo evidente los errores cometidos en los procesos de privatización y apertura comercial que sacrificaron a la industria nacional.

En realidad, el país no logró insertarse en una posición que fuera más allá de una gran plataforma maquiladora: exportar importaciones.

Además, y al igual que lo ocurrido durante los años setenta y ochenta, la última década del siglo XX se vio ensombrecida por actos violentos que afectaron a la población más pobre.

Los primeros dos lustros del siglo XXI llegaron con crisis bajo el brazo y el desplazamiento de México en América del Norte.

Las recesiones del 2001-2003 y 2009 exhibieron la exposición de la nación a la volatilidad financiera internacional y su enorme dependencia respecto al ciclo industrial de Estados Unidos.

Por su parte, las exportaciones de China terminaron desplazando a las mexicanas en los mercados de Estados Unidos, Canadá y aún en la parte doméstica. Fue el costo de pensar que la política comercial es una estrategia de desarrollo industrial.

La tregua de la segunda década del siglo XXI no fue aprovechada: el crecimiento anual promedio fue de sólo 2.3%.

Por otro lado, la presencia del crimen organizado creció y se hizo visible como pocas veces en la historia nacional. Desde el año 2000, la ausencia de un programa integral y efectivo para limitar su avance cobró su factura. En poco ayudó la corrupción y la carencia de una administración pública eficaz.

El 2019 llegó con la confirmación de un nuevo ciclo recesivo que se incubó un año antes en el sector industrial pero que fue negado, quizá subestimado, y con ello se perdió la oportunidad de acotar sus efectos negativos a través de la implementación de una estrategia integral de política industrial.

El Covid-19 irrumpió en los albores del 2020 y ya se conocen sus consecuencias: la economía vive la mayor caída en casi 90 años.

¿Qué sigue para México?, ¿Cuál será la historia que se construirá durante la siguiente década?

¿Toda crisis es una oportunidad? Ello depende de cómo se enfrente dicha situación. México enfrenta el reto de ir en contra de su historia y la inercia observada en los últimos 50 años.

Para lograrlo debe construir un futuro de progreso en función del diálogo, privilegiando el interés nacional y con una administración pública eficaz.

 

https://idic.mx/wp-content/uploads/2020/10/VozIndustria-20201012-Vol-08-Num-235-Desarrollo-industrial-una-agenda-pendiente.pdf

Publicado en Revista Industria Digital

12 de octubre de 2020

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