Economía mexicana: ¿bajo la sombra de los efectos de la recesión?

Resumen

  • Durante el tercer trimestre del año la economía mexicana continuó perdiendo fuerza y se exacerbó su tendencia recesiva:

o Con cifras originales se acumulan dos trimestres variaciones anuales negativas.

o La tendencia del ciclo económico es a la baja,

o Nulo crecimiento de la última variación trimestral y la cual fue precedida de tres negativas consecutivas.

o Tasa anual negativa de (-) 0.2% que los datos ajustados por estacionalidad presentaron para el tercer trimestre del año.

  • Los claro oscuros en la economía mexicana son evidentes, pero predomina la debilidad de los componentes más relevantes de la actividad productiva.

o El sector primario ha evitado una mayor caída del PIB. En el tercer trimestre del año, registró un crecimiento de 5.4%.

o La actividad industrial se encuentra en recesión: el IGAE industrial tiene 12 caídas consecutivas que, por la falta de inversión, ya han provocado una merma en la capacidad potencial de la producción fabril.

  • Se va a requerir un aumento significativo de la inversión productiva en sectores como la construcción o la metalmecánica para lograr una reactivación sostenida de la industria nacional.
  • El sector de los servicios únicamente creció 0.1% y la tendencia de su ciclo ya es a la baja:

o El comercio al por mayor cayó (-) 3.6%, la tercera merma consecutiva.

o Los servicios financieros y de seguros (-) 3.5%.

o Servicios profesionales, científicos y técnicos (-) 0.1%, la segunda consecutiva.

o Servicios corporativos, (-) 2.8%, el tercer retroceso del año.

o Servicios educativos (-) 1.7%, el tercero del 2019.

o Servicios de salud y asistencia social (-) 0.8%.

o Servicios de esparcimiento culturales y deportivos, y otros servicios recreativos (-) 2.1%.

o Actividades legislativas, gubernamentales, de impartición de justicia y de organismos internacionales y extraterritoriales (-) 1.8%, el cuarto consecutivo.

  • Los crecimiento negativos o inferiores al uno por ciento se han generalizado.
  • Ante la debilidad y precarización estructural del mercado laboral (con el impacto que tendrá en el consumo privado), la desaceleración industrial de Estados Unidos, la merma en los ingresos del sector público y la menor inversión física programada para el 2020, por parte de éste último, se refrenda la necesidad de un programa de reactivación económica en torno a un Acuerdo Nacional que tenga como ejes la preservación del empleo y el fomento de la inversión privada a través de una Nueva Política Industrial. De otra forma el último trimestre del 2019 y el primero del 2020 terminarán por confirmar lo que aún es tema de reflexión en algunos análisis: la economía mexicana se encuentra en recesión y su profundización tendrá un efecto negativo sobre el bienestar social a través de una mayor precarización del mercado laboral que podría llegar a través de la pérdida de empleo.
  • El agotamiento del modelo económico aplicado desde 1982 no deja espacio para la ausencia de crecimiento y generación de empleo. Ya no existe margen social para una nueva recesión.

Análisis

La economía mexicana mantiene su tendencia recesiva: de acuerdo con la información publicada por el INEGI, con información original (antes de cualquier ajuste estadístico), se acumulan dos trimestres variaciones anuales negativas.

Algo similar se desprende del análisis de las cifras ajustadas por estacionalidad: la tendencia del ciclo económico es a la baja, producto del nulo crecimiento de la última variación trimestral y la cual fue precedida de tres negativas consecutivas.

  • Por tanto, durante el tercer trimestre del año la economía mexicana continuó perdiendo fuerza y se exacerbó su tendencia recesiva

Lo descrito se confirma con la tasa anual negativa de (-) 0.2% que los datos ajustados por estacionalidad presentaron para el tercer trimestre del año. (El primer trimestre fue cero por ciento y el segundo 0.1%).

  • Ante la ausencia de una definición oficial aún pueden existir perspectivas que cuestionen si lo anterior describe una recesión. No obstante, lo que sí se puede confirmar es que el PIB de México sigue debilitándose y que la tendencia d su ciclo económico muestra que la economía no ha tocado fondo.

La recesión industrial y la expansión del sector primario

Los claro oscuros en la economía mexicana son evidentes, pero predomina la debilidad de los componentes más relevantes de la actividad productiva.

Los resultados del sector primario son los que han evitado una mayor caída del PIB. Durante el tercer trimestre del año, registró un crecimiento de 5.4% (con cifras ajustadas por estacionalidad), el mayor desde el mismo periodo del 2014.

Si bien el peso del sector primario es relativamente pequeño respecto al del sector industrial y el de servicios, el extraordinario aumento que se ha observado ha permitido que la economía nacional no acumule una mayor pérdida. Tan sólo en septiembre (de acuerdo con la información del IGAE), el sector primario creció un inusual 8.6%, la variación anual más elevada desde mayo del 2018.

No obstante, el comportamiento sobresaliente del sector primario no puede compensar la recesión que se observa en la actividad industrial (sector secundario): el IGAE contabiliza 12 caídas consecutivas a tasa anual que, por la falta de inversión, ya han provocado una merma en la capacidad potencial de la producción fabril.

  • Se va a requerir un aumento significativo de la inversión productiva en sectores como la construcción o la metalmecánica para lograr una reactivación sostenida de la industria nacional, algo particularmente complejo si el sector automotriz y la industria de exportación se siguen debilitando por la desaceleración que ya se observa en la industria de Estados Unidos.

La poco favorable evolución del sector industrial ha impactado en el mercado interno, esencialmente en los rubros vinculados con la dinámica que tiene una relación directa con la actividad productiva de las empresas. Durante el tercer trimestre y a tasa anual:

  • El comercio al por mayor cayó (-) 3.6%, la tercera merma consecutiva.
  • Los servicios financieros y de seguros (-) 3.5%.
  • Servicios profesionales, científicos y técnicos (-) 0.1%, la segunda consecutiva.
  • Servicios corporativos, (-) 2.8%, el tercer retroceso del año.
  • Servicios educativos (-) 1.7%, el tercero del 2019.
  • Servicios de salud y asistencia social (-) 0.8%.
  • Servicios de esparcimiento culturales y deportivos, y otros servicios recreativos (-) 2.1%.
  • Actividades legislativas, gubernamentales, de impartición de justicia y de organismos internacionales y extraterritoriales (-) 1.8%, el cuarto consecutivo.

Como es evidente en el tercer trimestre del año se pudo observar una generalización del debilitamiento de la economía mexicana en su mercado interno, producto de la recesión industrial y de la caída en la inversión y el empleo: todos los ciclos económicos van a la baja.

  • Dicha dinámica ha implicado en un crecimiento nulo del PIB durante los primeros tres trimestres del inicio del sexenio, el menor de los últimos cuatro sexenios.

Para el cuarto trimestre del año será estratégico lo que ocurra en el comercio al por menor y en el transporte, dos de los componentes más relevantes del sector de los servicios que aún exhiben tasas de crecimiento positivo y de los cuales dependerá la evolución del PIB en el cierre del año y para el inicio del 2020.

En el caso del comercio al por menor su dinámica será condicionada por el mercado laboral: la pérdida de empleo que paga remuneraciones superiores a 3 salarios mínimos permite anticipar que existen límites para estimar que el consumo privado se reactivará vigorosamente en el corto plazo.

Sin embargo, existe otro aspecto que será vital: ¿qué ocurrirá con el desempleo a partir de diciembre de este año?

Como es conocido, normalmente en diciembre el IMSS reporta la pérdida de empleo formal que puede ser equivalente al 25% del total generado hasta noviembre, la mayor parte de ello ocurre por el fin de la producción y ventas de fin de año.

En este caso se deben resaltar dos aspectos: el primero es que en diciembre pasado la magnitud de la reducción del empleo no se pudo compensar durante los primeros ocho meses del 2019: hasta agosto se creó menos empleo que la reducción registrada en el último mes del 2018.

Para el cierre de este año existe la incertidumbre de cuánto empleo se podría perder no sólo por el efecto estacional sino también por la recesión industrial y la cada vez mayor debilidad de la economía nacional.

De igual forma existe la duda de cuánto tiempo tardará el sistema productivo en reponer la potencial reducción de empleo y salarios que está por registrarse, particularmente si no se implementa un programa de reactivación económica emergente.

Si el escenario descrito ocurre, el consumo privado tendrá efectos poco favorables sobre las dos variables que hasta el tercer trimestre han evitado la caída del sector de los servicios y con ello moderado el retroceso del PIB total.

Reflexión final

El común denominador de lo ocurrido en otros momentos en donde México entró en una fase desaceleración económica fue el subestimar su existencia, tendencia, profundidad y efectos que ello tendría sobre el bienestar social y el futuro de las capacidades potenciales del sistema productivo.

El resultado de ello fue pobreza, bajo crecimiento y desigualdad estructural que tienen a la precarización del mercado laboral y del entorno empresarial como común denominador.

A diferencia de otros momentos, el agotamiento del modelo económico aplicado desde 1982 no deja espacio para la ausencia de crecimiento y generación de empleo. Ya no existe margen social para una nueva recesión.

Por ello, y ante la debilidad y precarización estructural del mercado laboral (con el impacto que tendrá en el consumo privado), la desaceleración industrial de Estados Unidos, la merma en los ingresos del sector público y la menor inversión física programa para el 2020 por parte de éste último, se refrenda la necesidad de un programa de reactivación económica en torno a un Acuerdo Nacional que tenga como ejes la preservación del empleo y el fomento de la inversión privada a través de una Nueva Política Industrial. De otra forma el último trimestre del 2019 y el primero del 2020 terminarán por confirmar lo que aún es tema de reflexión en algunos análisis: la economía mexicana se encuentra en recesión y su profundización tendrá un efecto negativo sobre el bienestar social a través de una mayor precarización del mercado laboral que podría llegar a través de la pérdida de empleo.

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Publicado en Revista Industria Digital

25 de noviembre de 2019

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