Economía mexicana: de la desaceleración a ¿la recesión?

· El crecimiento del PIB, a tasa anual fue de 0.1% durante el primer trimestre del año, el más bajo desde el cuarto trimestre del 2009, cuando México vivió la segunda recesión más profunda de los últimos 80 años.

· Además, el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) se contrajo (-) 0.6% durante marzo, la primera caída desde diciembre del 2009.

· Lo anterior fue producto de que 12 de los principales 20 componentes del PIB tuvieron un nulo crecimiento o un desempeño negativo.

o El peso económico de los sectores afectados es de 57%: con ello la mayor parte del PIB enfrenta un entorno adverso.

o Si se considera el débil crecimiento del comercio al por menor (0.4%), cuya participación en el PIB es de 9%, podrá comprenderse que prácticamente dos terceras partes de la economía han entrado en una fase de precarización en su desempeño productivo.

· Como resultado de lo anterior, los ciclos económicos del PIB y del IGAE presentan una situación similar, un avance de la desaceleración económica.

· Para el caso del sector industrial (sector secundario) la situación es aún más delicada: acumula dos trimestres consecutivos de caída (seis meses de retrocesos) que se acompañan con un retroceso generalizado de todos sus componentes principales y cuyo ciclo económico tiene más de 8 meses a la baja. Por ello se puede afirmar:

o El sector industrial ya se encuentra en recesión.

o Esto se ha exacerbado por la contracción de sectores estratégicos como la construcción de obra pública que involucra a los estados de la república que tienen el mayor peso económico: Ciudad de México, Estado de México, Nuevo León y Jalisco.

• Lo anterior influyó en el debilitamiento del mercado interno: el sector servicios (actividades terciarias) creció solamente 1.0%

o La variación negativa de la mayor parte de los componentes de las actividades de comercio y servicios (comercio al por mayor, transportes, correos y almacenamiento, servicios corporativos, servicios educativos, servicios de esparcimiento culturales y deportivos, y otros servicios recreativos, servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas, otros servicios excepto actividades gubernamentales, actividades legislativas, gubernamentales, de impartición de justicia y de organismos internacionales y extraterritoriales), así como el crecimiento marginal del comercio al por menor son señales claras del debilitamiento sistemático del mercado interno.

• Lo descrito se da en combinación de una pérdida de fuerza de la inversión (desde el mes de agosto pasado, el promedio de crecimiento de la inversión es (-)1.4%) y el debilitamiento del mercado laboral.

• Todo ello ha propiciado que el crecimiento promedio para los primeros cuatro meses de la actual administración sea de 0.4% (diciembre-marzo, medido por el IGAE), el más bajo desde lo observado durante el arranque del sexenio de Ernesto Zedillo.

En este contexto, se refrenda la necesidad de aplicar un programa emergente de reactivación económica basado en el fomento de los sectores estratégicos de la economía.

La dirección de la inversión, el empleo y el PIB van en contra del objetivo de crecimiento económico planteado en el Plan Nacional de Desarrollo (PND): 6% para el fin del sexenio con un promedio de 4% para toda la administración.

El PND aún tiene la oportunidad de incorporar la visión integral de una política que modifique de fondo el modelo económico, a través de una participación de la banca de desarrollo, política industrial moderna y el encadenamiento de empresas que producen en México. Ello es necesario para que se incorporé a la ejecución del presupuesto público.

La aplicación de las medidas para corregir la corrupción es necesaria y positiva, pero ahora es momento de asociarlas con estrategias de crecimiento económico capaz de generar más empleo y atraer inversión nacional y extranjera. La austeridad por sí sola no podrá reactivar el crecimiento, particularmente cuando el ciclo industrial de Estados Unidos ya se encuentra a la baja y el presidente Donald Trump ha impuesto condiciones restrictivas para que México pueda asociarse con otras naciones.

En esta ocasión la economía mexicana deberá encontrar por si sola la salida a una desaceleración que en el sector industrial ya se tradujo en recesión.

Análisis

De acuerdo con la información del INEGI, la economía mexicana reportó su primera caída desde diciembre del 2009; es decir, cuando se presentó la segunda mayor recesión económica, una contracción que previamente había sido catalogada como “catarrito” y para el cual estábamos “blindados”.

El Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) de marzo retrocedió (-) 0.6% lo que propició que durante todo el primer trimestre del 2019 el PIB solo haya crecido 0.1%. Además, ello implicó que, en comparación con el último trimestre del 2018, el PIB retrocediera (-) 0.2%.

El resultado fue propiciado por la sexta caída consecutiva en la actividad industrial, el sector productivo del cual depende más del 90% de las exportaciones mexicanas.

Sectores estratégicos asociados con la construcción, la extracción de petróleo y gas, la siderurgia, la química, la fabricación de automóviles, la maquinaria y equipo, por citar algunos de los más relevantes, enfrentan un entorno complejo que se ha exacerbado por la restricción en la inversión y gasto público.

El bajo desempeño productivo se encuentra condicionado por el retroceso de la inversión: desde noviembre del 2018 el INEGI ha reportado caídas en este rubro, salvo el caso de enero cuando aumentó 1%. Desde el mes de agosto, el promedio de crecimiento de la inversión es (-) 1.4%.

Adicionalmente, no se debe soslayar lo que anuncia la información oportuna publicada por el INEGI respecto a la balanza comercial: durante abril la importación de bienes de capital, básicamente la inversión en maquinaria y equipo foráneo disminuyó (-) 9.2% y salvo que su retroceso sea compensado por inversión en maquinaria y equipo de origen nacional, lo que puede afirmarse es que la tendencia a la baja de la inversión continuará durante el segundo trimestre del 2019.

Como se ha mencionado en otras ocasiones, sin inversión no hay crecimiento económico, particularmente para un país como México que enfrenta grandes rezagos en materia de infraestructura, vivienda, hospitales, escuelas y desarrollo tecnológico.

La dirección de la inversión va en contra del objetivo de crecimiento económico planteado en el Plan Nacional de Desarrollo: 6% para el fin del sexenio con un promedio de 4% para toda la administración. Para marzo, tanto el ciclo económico que se puede obtener del IGAE como del PIB permiten extraer la misma conclusión: la economía mexicana continúa perdiendo fuerza y aún no se percibe que su desaceleración ha tocado fondo en los dos componentes principales de la actividad productiva, los sectores secundario y terciario, es decir la industria y los servicios.

La debilidad de la economía ha propiciado que durante los primeros cuatro meses de la actual administración se haya registrado el crecimiento más bajo desde la época del gobierno que enfrentó la crisis de 1995.

Para el segundo trimestre, se mantendrá la tendencia que exhibe el sector servicios; es decir, el debilitamiento del mercado interno. La razón fundamental: las cifras de empleo que el INEGI y el IMSS han publicado, hasta marzo y abril respectivamente, confirman el avance tanto de la precarización del mercado interno como de la tasa de desocupación.

En el caso de la precarización del empleo, la pérdida de fuentes de ocupación que pagan más de 3 salarios mínimos, el aumento de la informalidad y de la tasa de condiciones críticas de ocupación confirman una menor capacidad de consumo, situación que se confirma con el lento avance del comercio al por menor durante el primer trimestre (0.4%).

De igual forma debe señalarse que el estancamiento del rubro correspondiente a transportes, correos y almacenamiento indica que las empresas tienen una menor actividad comercial y productiva. Eventos estructurales (como la desaceleración económica, la inseguridad, los altos costos de transporte, la precariedad de infraestructura) como coyunturales (desabasto de gasolina, bloqueos a las vías de comunicación y cierre parcial de algunas aduanas norteamericanas) han incidido en uno de los rubros más importantes del sector servicios.

Los componentes del IGAE vinculados con las actividades terciarias (servicios) se encuentran en el ritmo de crecimiento más modesto desde 1995.

Reflexión

La dirección de la inversión, el empleo y el PIB va en contra del objetivo de crecimiento económico planteado en el Plan Nacional de Desarrollo (PND): 6% para el fin del sexenio con un promedio de 4% para toda la administración.

El PND aún tiene la oportunidad de incorporar la visión integral de una política que modifique de fondo el modelo económico, a través de una participación de la banca de desarrollo, política industrial moderna y el encadenamiento de empresas que producen en México. Ello es necesario para que se incorporé a la ejecución del presupuesto público.

La aplicación de las medidas para corregir la corrupción es necesaria y positiva, pero ahora es momento de asociarlas con estrategias de crecimiento económico capaz de generar más empleo y atraer inversión nacional y extranjera. La austeridad por sí sola no podrá reactivar el crecimiento, particularmente cuando el ciclo industrial de Estados Unidos ya se encuentra a la baja y el presidente Donald Trump ha impuesto condiciones restrictivas para que México pueda asociarse con otras naciones.

En esta ocasión la economía mexicana deberá encontrar por sí sola la salida a una desaceleración que en el sector industrial ya se tradujo en recesión.

Fuente:https://idic.mx/2019/05/27/economia-mexicana-de-la-desaceleracion-a-la-recesion/

Publicado en Revista Industria

27 de mayo de 2019

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