El día después de mañana: “¿Qué Hacer?” para evitar una nueva década perdida

Resumen

“Entre el 13 de marzo y el 6 de abril se perdieron 346 mil 878 empleos formales”

Luisa María Alcalde, titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social

La crisis del 2020 tendrá efectos profundos sobre el bienestar de la población:

• Por definición toda crisis es transitoria. No obstante, sin la estrategia de política económica adecuada, sus efectos pueden ser permanentes o más duraderos.

Lamentablemente la economía mexicana llegó enferma y sin programas de política pública contingentes a este momento: sumida en una recesión que no se reconoció a tiempo en 2019.

• La evidencia de la contracción industrial (particularmente en la construcción) y la inversión registrada, a lo largo de un año, no fue suficiente para actuar a tiempo.

o Al cierre del 2019 las manufacturas ya contabilizaban cuatro meses de caídas consecutivas y la construcción vivía su propia recesión.

Las medidas de contención aplicadas en otros lugares del mundo fueron un segundo golpe. Desde finales de enero, el cierre de algunas regiones en China provocó desabasto en las manufacturas globales. Para febrero ya se tenía suficiente evidencia de lo que ocurriría en sectores como el automotriz y otras Cadenas Globales de Valor.

El tercer elemento negativo se dio con las medidas de contención internas, la confinación social y productiva en México terminó por dislocar el funcionamiento de la economía nacional. En ese momento se debieron tomar acciones económicas y financieras junto con las de salud. Hoy se viven las consecuencias.

La pérdida de empleo de casi 350 mil empleos formales (de acuerdo con la Secretaría del Trabajo y previsión social) en menos de un mes (13 de marzo al 6 de abril) sintetiza la necesidad de un Acuerdo Nacional. Era parte de la previsión que se tuvo que realizar en la estrategia de política económica contingente.

La mayor parte de empresas llegaron debilitadas a febrero del 2020. Y todavía falta sumar lo que está aconteciendo en la informalidad, en donde cientos de miles de micronegocios no pueden trabajar por las medidas restrictivas aplicadas.

Aún es tiempo de actuar. Pero se requiere de una visión de Estado Desarrollador que integre todos los esfuerzos nacionales. Acuerdos público-privado-laboral-social: Unidad Nacional.

¿Por qué? Las cifras seguirán tornándose adversas. El mejor ejemplo es la recesión en el sector industrial.

La industria mexicana recibió un nuevo golpe: en febrero registró su retroceso 17 de forma consecutiva: (-) 3.5% a tasa anual.

• Con ello, la actividad industrial exhibió un promedio de crecimiento de (-) 2.7% en del primer bimestre del año. En el sexenio es de (-) 2.0 (gráfica 1): su caída se profundiza, así se puede observar en su tendencia.

Los reportes para los dos componentes fundamentales de la actividad industrial son contundentes: la construcción y las manufacturas sufrieron una contracción de (-) 9.5% y (-) 2.2% respectivamente:

• La construcción contabiliza 18 variaciones negativas en los últimos 19 meses de las cuales, 13 son de forma consecutiva.

• Por su parte las manufacturas hilaron su sexta tasa anual negativa. El promedio del primer bimestre del año es (-) 1.7% y el del sexenio es de 0.0%.

El único punto de comparación para dimensionar otro momento en donde México haya contabilizado una situación similar fue la crisis del 2009 o la de 1995.

El mensaje es claro:

• El sector industrial de México requería un programa de reactivación antes del coronavirus, era importante en ese momento. Hoy es urgente.

• El bienestar de decenas de miles de familias depende de evitar que se profundice la crisis que se vive en el sector de la construcción y de lo que se observa en las manufacturas.

Se debe reiterar: hasta este momento, las estadísticas industriales citadas corresponden a la recesión de México, antes que el Covid-19 (coronavirus) provocara el cierre de empresas en sectores y regiones estratégicas de México:

1. Las caídas asociadas a la pandemia y a las medidas de contención presentarán su afectación más delicada entre marzo y junio. Las cifras negativas menos favorables todavía están por llegar.

Bajo este contexto, más el que se había delineado con los reportes de consumo e inversión de enero (el primero solo aumentó 0.2%y la segunda retrocedió 9.2%) así como la caída de la producción automotriz de marzo (casi -25%) y el debilitamiento del registro de empleo (hasta mediados de marzo) ante el IMSS, son parte del preámbulo del debilitamiento que el sector real de la economía mexicana acumuló antes de los efectos del coronavirus.

¿Por qué es relevante hacer la acotación?

El pasado 5 de abril se presentaron los lineamientos del programa contingente que el Gobierno de México ha conceptualizado para enfrentar la que, a nivel internacional, se ha catalogado como la mayor crisis en un siglo.

Básicamente se pueden englobar en 5 aspectos:

1. Se mantiene la visión de Economía Política que se planteó en el Plan Nacional de Desarrollo. En estricto sentido: será un programa que priorice el gasto social asistencial.

2. Preserva la visión de una economía clásica: básicamente el gasto ejercido será igual al ingreso. Se conserva la lógica de un programa procíclico por lo que el efecto dominante será el asociado a la recesión.

3. No se agregan recursos significativos para mitigar los efectos de la recesión: se adelantaron algunos recursos ya aprobados en el presupuesto en beneficio de los grupos de población que se consideran más vulnerables. El problema de fondo es que ese presupuesto no contemplaba la crisis que se ha presentado. Ni siquiera abordaba la necesidad de reactivación que el sector industrial requería antes de que se presentara la emergencia de salud pública.

4. No hay recursos adicionales para proyectos de infraestructura o inversión física. Con ello se renuncia a la aplicación de los recursos que pueden tener el mayor efecto positivo en materia de crecimiento y desarrollo económico.

5. No se realizó la convocatoria a un programa integral de Unidad Nacional que mitigara la pérdida de empleo a la que hoy hace referencia la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Tampoco para evitar la quiebra de empresas que la recesión puede provocar. El presupuesto público no podrá subsanar la afectación socioeconómica que la recesión provocará.

Como se mencionó en la presentación de la estrategia del Gobierno de México: la crisis será transitoria. No obstante, hay un aspecto a resaltar: sus efectos pueden ser permanentes o más duraderos.

¿De qué dependerá que una crisis transitoria cause afectaciones de larga duración? De la combinación de su profundidad (¿Cuánto caerá la economía mexicana?), de su duración (¿Cuántos trimestres abarcará?), dimensión (¿cuántos sectores se verán involucrados?) así como de los efectos socioeconómicos que alcanzará, internos y externos (¿Cuánto empleo se perderá?, ¿cuántas empresas quebrarán?, ¿cuántas remesas dejaran de llegar al país?, ¿cuál será la merma en las finanzas públicas?, por ejemplo).

Durante los últimos 50 años México ha sido un laboratorio en donde se experimentaron medidas económicas que no alcanzaron resultados positivos: crisis reiteradas que limitaron el desarrollo del país.

La responsabilidad de esos yerros históricos fue del Estado. En estos momentos el nuevo Gobierno de México tiene la oportunidad de elaborar un programa económico y social de gran calado e incluyente.

Lo presentado hasta este momento aún no contiene la respuesta para las necesidades de un país que ya requería un programa de reactivación económica antes del coronavirus.

En los meses por venir se tendrán que hacer profundos ajustes. Entre más rápido se instrumentes será mejor para la sociedad mexicana. “¿Qué hacer?” El primer paso por dar es renunciar a ideologías que dividen. Se requiere Unión Nacional y los acuerdos conducentes para evitar una nueva década pérdida.

Análisis

Cincuenta años de crisis recurrentes resumen la falla de economía política y de política económica en México. De igual forma sintetizan la existencia de un Estado que no logró crear progreso y desarrollo para toda la sociedad.

Frecuentemente se afirma que las crisis son oportunidades. Bajo esa perspectiva México ha vivido oportunidades reiteradas para reinventarse y encontrar la ruta hacia el desarrollo. Hasta el momento no lo ha hecho.

Las recesiones registradas durante el último medio siglo debilitaron a la nación, cancelaron su desarrollo y la llevaron a la aplicación de medidas de austeridad fiscal.

De igual forma polarizaron a la sociedad, crearon tierra fértil para ideologías que impulsan la lucha de clases y no la construcción de un país próspero y solidario.

Sin lugar a duda que a ello contribuyó la corrupción y el uso poco eficaz de los recursos públicos. El Estado fue el primero en fallar al no implementar un modelo económico que no priorizará al interés nacional.

En la década de los años setenta falló el Estado Asistencialista, y desde 1982 el que promovió una apertura económica que sacrificó a la industria y empresas nacionales.

No se puede entender la precarización del mercado laboral sin la correspondiente en el sistema empresarial mexicano. El fruto de las crisis fue la quiebra de empresas nacionales, su consecuencia directa: desempleo y el crecimiento de la informalidad.

La ausencia de un Estado Desarrollador solidario y promotor del progreso social dislocó la tradicional cohesión y fraternidad social que existía en México. Propició el ascenso de la criminalidad y dio nacimiento a la captura del Estado.

Lo descrito es parte del círculo vicioso con el que el país llega a la que globalmente se ha reconocido como la peor crisis desde 1929.

• Sobre México se cierne una recesión que el Estado debe transformar en la oportunidad de hacer lo que en los últimos años no se ha logrado: propiciar el progreso integral de la nación.

¿Cómo llega el país a este momento histórico?

De acuerdo con el INEGI:

• El PIB del 2019 retrocedió (-) 0.1%. Durante enero pasado la contracción fue de (-) 0.7%.

• Hasta febrero pasado se acumulan 17 meses de caídas consecutivas en la actividad industrial: el promedio del sexenio es de (-) 2.0%.

o La consecuencia es una perspectiva negativa tanto en la tendencia del PIB potencial como en el ciclo de la industria mexicana (gráficas 2 a 4).

o Una situación similar se observa para el caso del ciclo industrial de Estados Unidos o La industria requería un programa emergente de reactivación aun antes del problema del Covid-19.

• El consumo privado creció 0.6% en 2019, una cifra inferior al promedio contabilizado entre el 2001 y el 2018 (2.3%).

o El resultado de enero fue de únicamente 0.2%.

• La inversión sigue debilitándose. En 2019 el retroceso fue de (-) 4.9%. En el primer mes del 2020 la caída fue de (-) 9.2% y todos sus componentes retrocedieron a tasa anual.

o Sin inversión no hay crecimiento México acumula 12 disminuciones consecutivas. • La producción automotriz de marzo cayó (-) 24.6%. El acumulado enero – marzo es (-) 8.6%.

La caída de las manufacturas y la construcción se ha generalizado. El repunte de la minería (fundamentalmente por la extracción de petróleo y gas) no puede compensar dicha realidad. De igual forma hay una marcada moderación en el ritmo de crecimiento en la parte de electricidad, gas y agua.

Junto con el debilitamiento previo del consumo y la pérdida de empleos que de forma preliminar ha enunciado el Gobierno de México, la contracción en el sector industrial muestra la profundidad de la recesión es mayor a lo que habían estimado.

En este sentido será necesario una reelaboración del programa emergente para enfrentar la crisis que vive México. Sólo en Unidad Nacional se podrá enfrentar.

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Publicado por Revista Industria Digital

08 de abril de 2020

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