Comercio internacional y COVID-19, los retos para la industria productora de vehículos pesados

Por: Miguel Elizalde Lizárraga

Presidente Ejecutivo de ANPACT @miguelelizaldel

Nuestro país atraviesa por una delicada situación en materia de salud que requiere de la implementación de medidas de prevención rigurosas  que  contribuyan  a mitigar el alcance y efectos de la epidemia  de  COVID-19.   En   respuesta a dicha situación, el Gobierno  Federal ha publicado un acuerdo en el que se establecen acciones extraordinarias para atender la emergencia sanitaria.

El transporte y en particular el autotransporte -con los vehículos pesados- son una infraestructura muy importante para asegurar la producción  y distribución de servicios indispensables como agua potable, alimentos, medicinas, energía eléctrica, gas, petróleo, oxígeno, etcétera. Por ello, dicho acuerdo reconoce al transporte y a las actividades necesarias para la conservación, mantenimiento y reparación del mismo, como esenciales.

Dicho de otro modo, las autoridades  han reconocido que, en esta  situación de emergencia, industrias, comercios estratégicos y transportistas, así  como  la población en general, deben tener acceso al transporte, a través de vehículos comerciales de carga y pasaje en óptimas condiciones de funcionamiento.

Actualmente, empresas que fabrican vehículos pesados tienen permanentemente entregas pactadas con  actividades  estratégicas,  como   son las de seguridad y con entrega de pedidos para la marina, el ejército, la guardia nacional, y por otra parte con empresas energéticas que van desde la Comisión Federal de Electricidad, Pemex o transportistas privados de gasolina, diésel y turbosina, hasta instituciones públicas de salud o servicios públicos como recolección de basura, que son básicos durante esta contingencia, tanto del sector público como del sector privado.

Sin continuar la producción, estos vehículos no pueden llegar a quienes los necesitan. Por eso hacemos un llamado a las autoridades a mantener la fabricación necesaria, tanto de autopartes como de vehículos. Es mejor tener un vehículo atendiendo la emergencia en operación a que esté parado en una línea de producción.

Nuestra misión como industria consiste en mantener nuestras plantas manufactureras de vehículos, así como los talleres y el suministro de autopartes, atendiendo estrictamente a los protocolos de salud establecidos por las autoridades, pero también en reducir el impacto económico que la misma tiene sobre la población de México.

Un adelanto del impacto que tendrán en la industria tanto las variables que ya conocemos que están lastimando al autotransporte, como el robo de vehículos, la normativa ambiental, el precio de los combustibles y el incremento de 19 a 25 pesos en el tipo de cambio  -que  aunque  fue en marzo, veremos el impacto real las siguientes semanas-, se ve reflejado en las ventas al mercado interno. Desde julio de 2019 llevamos nueve meses en constante caída en las ventas al mayoreo, como se puede apreciar en la gráfica. Esta cifra es una combinación de varios factores que han reflejado una caída del -35.3% en el primer trimestre, motivada por la caída en el mes de marzo del -46.8% de las ventas al mayoreo de vehículos pesados.

En los próximos meses y años, la economía mundial enfrentará enormes retos que nos imponen la necesidad de buscar alternativas para mantener, y por qué no, crecer la planta productiva automotriz mexicana. Para la industria de vehículos pesados, quien envía 97% de sus exportaciones a la región de Norte América, uno de estos retos es la posible entrada en vigor del T-MEC en el segundo semestre de 2020.

La industria mexicana ha estado en constante comunicación con las autoridades de nuestro país, las negociaciones trilaterales de reglamentaciones uniformes habían  permanecido detenidas, por tal motivo, es imposible anticipar los cambios tanto operativos, como de la cadena de suministro que se requieren para cumplir dichas reglamentaciones.

La falta de definición de las reglamentaciones uniformes, señalada tanto por la industria automotriz nacional, como por el Congreso de Estados Unidos, forma parte de estos desafíos. Para producir el motor y saber que éste cumple con la regla de contenido regional y laboral, por ejemplo, se necesita consultar a más de 700 proveedores, muchos de los cuales son pequeñas y medianas empresas que están enfrentando momentos complicados.

Por ello, la industria productora de vehículos pesados representada en la ANPACT, continúa trabajando junto a CONCAMIN, CCE y la Secretaría de Economía para que   la US Trade Representative acepte implementar las reglamentaciones uniformes del T-MEC a partir del 2021 y así tener suficiente tiempo para cumplirlas.

Los desafíos actuales, causados por la epidemia de COVD-19, están afectando tanto a los productores de vehículos pesados, como a todos sus proveedores, por lo que recabar la información y hacer los ajustes necesarios en la cadena productiva se vuelve aún más complicado.

La situación de México y el mundo nos obliga a ser solidarios globalmente, especialmente entre socios comerciales como lo son México, Estados Unidos y Canadá. Por ello, es necesario mantener la integridad y coordinación de la cadena de abasto del sector automotriz e implementar medidas espejo para sectores de la economía considerados esenciales en los tres países. Los productores deben seguir fabricando los insumos necesarios para mantener la integración de la cadena de valor y preservar la cadena logística de transporte.

En Estados Unidos se requiere de autopartes que se fabrican en México y su industria manufacturera es esencial para la planta productiva nacional. Mantener el suministro de necesidades básicas a la población depende de poder seguir fabricando las partes y los vehículos pesados necesarios para los dos países, la industria automotriz es una industria necesaria de ambos lados de la frontera, una actividad determinante para el bienestar de comunidades enteras.

En lo que respecta a México, reducir el impacto económico de la epidemia depende en buena medida de la capacidad de nuestra sociedad de adaptarse a las nuevas circunstancias, mediante propuestas creativas que nos permitan eliminar trabas históricas que afectan a la industria del transporte.

La adecuación de normativas y el brindar seguridad en las carreteras y caminos de México, son un primer paso que permitirían potenciar la renovación de la flota y así mejorar el transporte público e incrementar la productividad de diversas industrias.

Hoy nos enfrentamos a una situación que obliga a la industria, el gobierno y la sociedad civil a trabajar juntos para implementar   medidas    contundentes y superar esta crisis. Estoy seguro que juntos podremos llegar a soluciones y hacer de México un mejor país.

 

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