Pensiones, uno de los mayores desafíos que enfrenta el país

Por Fernando Yllanes

Presidente de la Comisión de

Seguridad Social de CONCAMIN

Resulta innecesario explicar que uno de los temas más sensibles para cualquier sociedad es el relativo al cambio de la situación que sufrirá todo individuo con el transcurso del tiempo en el ámbito personal, familiar, de salud y situación económica una vez llegada la vejez, y aunque lo percibimos, por tratarse de un tema de largo plazo, que se ve lejano, no se ha atendido correctamente, pero esto se terminó, ya no hay tiempo, así que ahora debemos hacerle frente de manera responsable.

La protección social de las personas es una realidad en México materializada a partir de la Ley del Seguro Social promulgada el 19 de enero de 1943 que estableció entre otros, el seguro de cesantía en edad avanzada y vejez, lo que también fue adoptado para los trabajadores al servicio del Estado a través del ISSSTE en el año 1959, basado en las experiencias internacionales y nacionales desde el año de 1925 que tuvieron eco en el Convenio 102 de la OIT sobre la seguridad social, ratificado por México el 12 de octubre de 1961, que obliga a los estados miembros a garantizar prestaciones de vejez incluida la supervivencia de asalariados y de la población económicamente activa.

En México tenemos diversos esquemas, principalmente los NO contributivos tanto federales como estatales; y los contributivos que podemos entender como de beneficio definido Ley del Seguro Social de 1973 y de contribución definida bajo la Ley de 1997 y otros muchos sistemas variados y no plenamente identificados adoptados por municipio y universidades.

La falta de sostenibilidad del sistema de beneficio definido generó una reforma muy importante que entró en vigor el primero de julio de 1997, para dotar a las personas que ingresaron a la seguridad social a partir de esa fecha en un sistema llamado de “capitalización individual”, lo que significa que los trabajadores obtendrán la pensión a través de las aportaciones tripartitas que se hacen durante la vida laboral a la cuenta individual de cada trabajador, que hasta ahora asciende a 6.5% del salario integrado de los trabajadores incorporados al régimen obligatorio de seguridad social constituido de la siguiente manera:

Ø Aportación del patrón 5.150%

Ø Aportación de los trabajadores 1.125%

Ø Aportación del Gobierno Federal 0.225 %

No hay que olvidar que los patrones aportan un 5% adicional a la vivienda, (INFONAVIT) que finalmente puede generar un patrimonio material para los trabajadores, o bien una cantidad que se suma a los recursos ahorrados y obtenidos al final de la vida laboral y como parte del patrimonio personal y familiar.

Estudios recientes muestran que la tasa de reemplazo promedio, es decir la cantidad que recibirá el trabajador al momento de su jubilación, será del orden del 30% de los salarios de los trabajadores, lo que significa que muchos de ellos ni siquiera obtendrán la pensión mínima garantizada a la que tendrá que hacer frente el Estado mexicano con cargo a las finanzas públicas y no obstante quedarán en situación de pobreza. La tasa de reemplazo promedio de los países miembros de la OCDE es de 54%, en Holanda del 90% y Austria del 77%.

Otro problema que enfrenta el nuevo sistema de pensiones de contribución definida es la llamada “densidad de cotización”, es decir el número de semanas que deberáacumular cada trabajador en el régimen obligatorio de seguridad social determinado en la ley en 1500 semanas de cotización, a las que tan sólo el 30% de los trabajadores cotizantes bajo el régimen de 1997, cumplirán con este requisito y al resto se les determinará una “negativa de pensión”, haciendo entrega de la devolución de sus ahorros, quedando sujetos únicamente a la ahora llamada “pensión universal” a cargo del Gobierno Federal. Otra situación dramática en torno a esto, es que si no se acumulan cuando menos 750 semanas de cotización, no tendrán derecho a los servicios de salud que brinda el IMSS.

Lo anterior se debe en parte a que aproximadamente 6 de cada 10 individuos que constituyen la PEA, se encuentran en la economía informal, lo que genera una migración constante de la formalidad a la informalidad, que merma el número de cotizaciones y las aportaciones al ahorro.

Una posición simple que algunos miembros de la sociedad postulan, es regresar al esquema de beneficio definido, sin embargo, esto es totalmente insostenible puesto que ya a la fecha el gasto de pensiones significa el 13% del PEF (presupuesto) y tiene un crecimiento exponencial al que habría que sumar los más de 1000 sistemas de pensiones, muchos de ellos no claramente identificados que existen en el país, generando una deuda difícil de enfrentar.

Es claro que el nuevo sistema de contribución definida constituye la ruta correcta, sin embargo es necesario identificar los beneficios y los desafíos que representa.

1. Beneficios:

a) Fortalece el ahorro interno y está correctamente administrado:

Ø 4 billones de pesos que representa el 16.7% del PIB.

Ø Rendimiento promedio anual acumulado (22 años): 11.14 nominal y 5.35 real.

b) Reducción del cobro de comisiones: para 2020 es ya de 0.922.

c) Ahorro voluntario: si bien hay mucho que hacer al respecto para mejorar la inclusión financiera, en 2019 se registró una cifra superior a 92,000 millones de pesos.

d) Fortalecimiento de los mercados de capital: esto ha permitido un mejor financiamiento para el sector productivo nacional, que ha obtenido por este concepto del sistema de ahorro de los trabajadores más de 1.3 billones de pesos, reflejado en proyectos de infraestructura, vivienda, construcción de carreteras y en el sector energético, entre otros.

2. Desafíos:

a) Mejorar las aportaciones y reducir la densidad de cotización: es el único medio para mejorar las pensiones (tasa de reemplazo de los trabajadores), y sólo se puede lograr a través de una concertación de los sectores productivos y el gobierno, respaldado en análisis financieros y con estímulos fiscales debidamente orientados, tomando en consideración que el incremento de los costos laborales estimula la informalidad, lo que obliga a hacer un análisis responsable, prudente y pertinente.

b) Abatir la informalidad: se deben generar estímulos para el fortalecimiento de las empresas y para superar la debilidad que tienen un importante número de centros de trabajo y que generan amplia mortandad.

Existe una clara correlación entre el tamaño de las empresas y el nivel de los ingresos de los trabajadores, de la productividad y la viabilidad de los negocios, además de que en las empresas más pequeñas las relaciones laborales son normalmente de bajo costo y corto plazo.

c) De acuerdo con datos proporcionados por el IMSS, de nueve mil patrones registrados el 30% cuentan con menos de 50 trabajadores y sólo tres mil empresas con más de 250 trabajadores.

d) Crear estímulos fiscales a efecto de incrementar el ahorro voluntario, considerado como un medio eficaz para fortalecer el ahorro pare el retiro.

e) Mejorar la cultura financiera: esto es muy importante, ya que los trabajadores deben tener conciencia de que al participar en el ahorro para el retiro, están generando un mejor futuro y esto debe ser explicado desde la niñez, a través del sistema educativo, ya que es tan importante como el cuidado de la salud, los valores morales y el cuidado del medio ambiente.

f) Planes privados de pensiones: es necesario generar condiciones propicias para incentivar la creación de estos sistemas que apoyan y mejoran la estabilidad en el empleo, la capacitación, productividad y la fidelidad, permitiendo mejores condiciones de retiro.

g) Identificar las nuevas formas de trabajo: los trabajadores por cuenta propia que ya significan el 30% de la población ocupada y no forman parte de ningún sistema de seguridad social ni pensionario, seguramente se irán incrementando por el avance de las tecnologías, fuera de una relación tradicional subordinada.

h) Portabilidad de los sistemas de pensiones: es indispensable generar compatibilidad en los distintos regímenes de pensiones que hay en el país, a efecto de que las personas que laboren para los gobiernos estatales o municipales y transiten al auto empleo y/o al sector privado mantengan y acumulen las aportaciones para la futura jubilación, con el objeto de que no se vea truncada su carrera laboral.

Como se ha mencionado anteriormente, estamos en el camino correcto al haber optado en el país por un nuevo régimen de contribución definida que por un lado reduce el impacto del gasto fiscal, sobre todo ante un inminente e inevitable envejecimiento de la población y el aumento de la expectativa de vida, aunado al fortalecimiento del ahorro interno que genera estabilidad financiera y oportunidades de inversión, sin embargo la estructura actual, la falta de ahorro voluntario, de estímulos fiscales y el efecto nocivo que genera la economía informal a lo que se suman las nuevas formas de empleo que se están generando y continuarán desarrollándose, obligan a una profunda reflexión de todos los sectores, para ayudar a una concertación que aumente a las fortalezas y nos permita hacer frente a los desafíos, orientando un esfuerzo colectivo hacia una vejez digna de los trabajadores mexicanos. Hacia allá vamos.

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