El primer año de la 4T y lo que viene

José Yuste

Economista

Andrés Manuel López Obrador quiere cambiar radicalmente al país. Hay muchos ajustes, un proceso de aprendizaje en la función pública que en algunas áreas parece continuar, o políticas sectoriales que terminan en rudeza innecesaria con el sector privado (el etiquetado para la industria de alimentos procesados, la forma de negociar el T-MEC para el sector automotriz, o la nueva política de compras de medicamentos para los laboratorios). El resultado, la 4T trae un gobierno con un marco macroeconómico estable, sin duda, pero el clima de inversión está de cabeza.

La falta de inversión privada muestra su peor cara en el estancamiento. El primer año del Presidente López Obrador lo dice todo. Se decreció ligeramente. Durante 2019 la economía mexicana tuvo una contracción de -0.1% del PIB. ¿Es una gran caída? No, pero tampoco hubo un evento externo fuerte para que provocara tal desaceleración. El freno vino desde dentro. Sin duda el rompecabezas que la 4T todavía no puede armar es el clima de inversión.

Y conste, es cierto que estamos hablando de un gobierno prudente. Fiscalmente hablando, el gobierno de López Obrador hasta haría palidecer a cualquier otro gobierno neoliberal. Hay seriedad en el manejo del gasto, así lo comprueban los datos. Durante 2019 se tuvo un superávit primario de 1.1% y se redujo la deuda gubernamental (medida por los Requerimientos Financieros del Sector Público) a 44.7% del PIB. No gasta de más y no se endeuda.

El marco macroeconómico es de estabilidad, tan es así que la inflación va a la baja. Y sí, aunque usted no lo crea, la inflación logró reducirse a niveles incluso más optimistas que el objetivo anual del Banco de México. El instituto central tiene como objetivo anual una inflación de 3% (más-menos un punto porcentual). Y la inflación durante 2019 fue de 2.83%, buen dato.

El Presidente López Obrador y su equipo han logrado un marco macroeconómico estable. Prudencia en las finanzas públicas, una inflación que va a la baja y la garantía de que la economía mexicana seguirá abierta, al haber firmado el nuevo Tratado de Libre Comercio, el T-MEC (Tratado México-Estados Unidos-Canadá), con lo cual nuestras exportaciones seguirán entrando al mercado más grande del mundo.

¿Entonces por qué no crecemos? Porque la estabilidad y el marco macroeconómico, no bastan. Para poder crecer, la inversión pública de manera indispensable debe completarse con la inversión privada, y la inversión privada no despega. Por todos lados hay focos amarillos sobre la falta de inversión privada. Llevamos meses viendo bajas en la inversión fija bruta. El gasto de las empresas en equipo y maquinaria no se está dando. Vamos para dos años con el sector de la construcción bajando, lo cual afecta a toda la economía por sus ramificaciones. Las importaciones de bienes intermedios y de capital también han descendido. Todos los indicadores nos señalan que la inversión está en pausa, o de plano, se ha frenado.

El primer freno que se tuvo fue por la cancelación del Aeropuerto en Texcoco. Un proyecto de más de 10 mil millones de dólares, financiado en un 70% por capital privado, que serviría de hub internacional. Se frenó. Fue el primer manotazo político de la 4T. Y de ahí en adelante no se ha podido levantar el sector aéreo.

Después de un año, está más que claro que el Presidente López Obrador no va a reactivar Texcoco. Pero entonces, ¿cuáles otras grandes palancas de confianza en la inversión pueden venir?

Una fue la culminación del T-MEC. López Obrador instruyó a Jesús Seade, Subsecretario para América del Norte y negociador del gobierno mexicano, a terminar los detalles del T-MEC. Fue una negociación difícil, en la cual cedimos en el sector automotriz, pero ganamos todo un acuerdo comercial.

México cuenta con un instrumento que le garantiza una economía abierta, exportadora, con entrada al principal mercado del mundo. Y claro que le puede traer inversiones. Pero…las inversiones no llegaron a granel como se esperaba.

Se pensó que el T-MEC sería la palanca para crecer, ese golpe de confianza para las inversiones. Y desde luego lo es, pero no puede quedarse solo. Está más que visto que sin una política para crecer, la economía mexicana ni siquiera va a alcanzar el promedio histórico anual de 2% de crecimiento.

El gobierno de la 4T debe acelerar una política de crecimiento. El Presidente López Obrador, incluso, el 29 de enero constituyó el Gabinete para el Crecimiento Económico. ¿Así o más claro el deseo y la necesidad, de crecer más? El Gabinete para el Crecimiento Económico será coordinado por Alfonso Romo, el jefe de la Oficina de la Presidencia. Desde ahí se intentará el fomento a las inversiones y crecimiento. Hasta el propio Presidente de la República escribía en su cuenta de twitter: “Hay condiciones favorables: finanzas sanas, peso fuerte, baja inflación, inversión extranjera, T-MEC y lo más importante, honestidad, paz y gobernabilidad”.

Desde luego será saludable que haya una coordinación de todos los esfuerzos gubernamentales. Por ejemplo, ahí está el Tren Transístmico, pero nadie sabe de él y podría ser el gran detonante de la región Oaxaca-Veracruz. O el Tren Maya, que podría ser uno de los proyectos insignias del sexenio, también ha perdido impulso a pesar de los esfuerzos de Fonatur.

Pero más allá de los proyectos insignia, lo cierto: se debe recomponer el clima de inversiones. ¿El Gabinete para el Crecimiento Económico podrá recomponer ese clima de inversiones? Se antoja difícil. Romo está para crear grandes líneas de acción, donde vayan juntos sector público y privado, como el Acuerdo para Proyectos de Infraestructura. Pero de ahí a que se aterricen, pueden pasar muchas cosas, entre otras, que no se concreten esas inversiones.

Más bien la 4T necesita ir sector por sector. Confiar más en las secretarías donde se puede realizar la política sectorial, la de crecimiento, la Secretaría de Economía, que estuvo relegada en el proceso de negociación del T-MEC, pero ahora para aterrizarlo tanto Graciela Márquez, y su equipo cercano como Luz María de la Mora, pueden concretar nuevas políticas sectoriales. Por ejemplo, en el sector automotriz, donde la negociación del T-MEC le quitó atractivo por elevarle las reglas de origen de producción y

de acero, entonces tendrá que redefinirse: ser más innovador, entablar alianza con acereros regionales, y mejorar en incorporaciones tecnológicas.

Pero Economía no podrá sola con el paquete. Debe venir la ayuda, sin duda, de una Secretaría que se ha vuelto clave en los últimos tiempos, la Secretaría de Salud.

El gobierno de la 4T puede tener buenas intenciones, pero su operación se basa en un problema serio para la inversión: desconfía de cualquier privado. La desconfianza en los privados, desde luego tiene su razón de ser: ha habido excesos en ganancias, o en compras cuasi-monopólicas, o en aprovechamientos con licitaciones públicas. Sin embargo, la desconfianza de la 4T sobre el sector privado, llega al grado de querer erradicarlo. Y así no vamos a poder crecer.

Dos botones de muestra, y que tienen que ver con la Secretaría de Salud y sus ramificaciones:

1. El etiquetado frontal de alimentos que desde luego es un avance importante para combatir el problema de obesidad y diabetes. Sin embargo, ahí hay grupos que prácticamente han querido desaparecer a la industria de alimentos procesados, y las inversiones se frenan.

2.- La compra de medicamentos, donde la Secretaría de Salud pidió un Decreto para poder importar medicinas, consignando a la Cofepris en otro regulador sin funciones. Ahora, las medicinas se traerán, con dudas en su calidad, en lugar de crear condiciones de competencia entre laboratorios mexicanos para producir genéricos a precios más competitivos.

El gobierno de López Obrador deberá tomar una decisión fuerte. Cambiar su estrategia con las empresas. Llevarlas a que compitan. Pero no quererlas desaparecer. Ahí está el problema del crecimiento económico: no hay inversión privada. Como vemos, la estabilidad y el marco macroeconómico, de finanzas sanas y economía abierta, no bastan. Se necesitan políticas sectoriales para crecer, y sí hacer competir a los empresarios, eliminar los privilegios de algunos, hacer que las políticas públicas a favor del consumidor y el usuario estén por encima del interés particular, pero ello no pasa por desaparecer a los empresarios. Hay confusión y la inversión privada, ergo el crecimiento, lo resiente.

 

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