La importancia de una política industrial diferenciada

Julio Alejandro Millán Costabile

Presidente de Consultores Internacionales, S.C.®,

economista, egresado de la Universidad Iberoamericana,

con estudios en la Universidad de Harvard

Si usted se preguntase: ¿por qué es tan importante el desempeño del sector industrial?, la respuesta es relativamente sencilla, básicamente hay consenso entre todos los economistas y los autores al respecto, en que el crecimiento y el desarrollo económico de un país tiene una alta correlación con la dinámica industrial.

La literatura económica internacional en la primera mitad del siglo XX utilizaba prácticamente como sinónimos dos conceptos “países desarrollados” y “países industrializados”. No era una casualidad, por supuesto, derivaba de la observación de aquellos países que habían alcanzado mayores niveles de desarrollo a través del crecimiento acelerado de su sector industrial. Los casos más representativos fueron Inglaterra, Francia, Bélgica y Estados Unidos, entre otros.

Ciertamente los procesos de industrialización fueron en todos los casos completamente diferentes y la participación de los gobiernos también. Según el economista catalán Joaquín Muns, los países se industrializaron de manera espontánea o de manera forzada. En la primera, se trató de procesos lentos, que tomaron décadas, podríamos decir de manera natural, asociada a decisiones de los diferentes actores económicos. En la segunda, la característica más importante fue la participación y planificación del Estado.

Más allá de los resultados, de la génesis del aparato industrial en cada país, lo cierto es que una vez que existió, los estados en mayor o menor medida desarrollaron políticas para su estimulación y su crecimiento.

En términos generales, aquellos países que han desarrollado un sector manufacturero sólido, dinámico, tecnológicamente avanzado, tienden a crecer más y con ello se aprecia una mayor calidad de vida en la población en general. Es decir, el desarrollo del sector industrial manufacturero no es trivial, debiera ser un objetivo permanente y prácticamente de seguridad nacional.

Si observamos los 30 países con mayor Índice de Desarrollo Humano (IDH), se trata de países que han mostrado tasas de crecimiento promedio anual por arriba de 4% en su sector manufacturero, de manera consistente en las últimas cinco décadas.

 

Por supuesto, aun ante esta evidencia, hacia el final del siglo XX el concepto de política industrial incomodaba a diferentes economistas y tomadores de decisiones. Hacia 1990, el entonces jefe de gabinete de la Casa Blanca, John H. Sununu, argumentaba estar en contra de cualquier política industrial. En México, pocos años después, el entonces Secretario de Comercio Jaime Serra Puche, afirmó de manera casi lapidaria que “la mejor política industrial es la que no existe”.

Afirmamos categóricamente que el abandono de una política industrial fue un grave error, sobre todo a la luz de los resultados económicos y sociales de países que redoblaron esfuerzos, como es el caso de Corea del Sur y otros del sur de Asia.

Hoy en día ya no está en duda si debe o no desarrollarse una política pública en favor de la industria, lo que está a debate es cómo debe instrumentarse, qué conceptos deben estar incluidos, hasta dónde debe tener injerencia el gobierno y desde dónde es responsabilidad de las empresas.

Recientemente, en octubre de 2019, la Secretaría de Economía anunció junto con el sector empresarial una nueva política industrial, básicamente contenida en un decálogo, que de manera resumida promueve la competencia económica, la mejora regulatoria, el mejoramiento del ambiente de negocios, el impulso a las PyMEs, la integración a la industria 4.0, el mejoramiento de la infraestructura, propiciar la economía de la salud, aumentar el financiamiento de la banca de desarrollo y finalmente, incentivar los proyectos industriales en las regiones más rezagadas del país.

 

Celebramos este esfuerzo por impulsar una política industrial, sin embargo, con cierta preocupación consideramos que no es suficiente. Es decir, no deja de ser valioso un consenso, sin embargo ya hay un camino andado que no debe olvidarse. Consultores Internacionales, S.C.,® ha sido parte de los promotores y desarrolladores de estrategias para el sector. En 2012 explicábamos que una política industrial deberá ser la herramienta que permita la reconstrucción del mercado interno y construir un nuevo proyecto de país. Así, de esa importancia es este tema para México y para la industria.

En principio, consideramos que los hacedores de política económica deben tener claridad de la anatomía industrial a partir de definir una visión de largo plazo para el país y la industria; aunque parece una verdad de Perogrullo, una misma política ejecutada sobre estructuras diferentes inevitablemente generará resultados distintos.

Para ello realizamos un análisis de las diferentes industrias a fin de determinar la correlación entre el crecimiento y su participación en la producción manufacturera, los resultados nos confirman la diversidad del sector industrial manufacturero mexicano, por lo que sin duda requiere de acciones precisas, diferenciadas, priorizadas y decisiones claras y objetivas

Hay industrias como la de fabricación de equipo de transporte, la electrónica, la de bebidas, tabaco y la alimentaria, que tradicionalmente crecen por arriba de la media del sector manufacturero, es decir entre 2 y 7% promedio anual, y que son aquellas que tienen una fuerte aportación al mismo de entre 5 y 23%. Estos sectores, que podríamos denominar como estratégicos, impulsores de la industria manufacturera, tienen una serie de necesidades muy específicas, en materia de innovación, desarrollo de capital humano, atracción de inversión extranjera, desarrollo y transferencia de tecnología.

Por otro lado, encontramos industrias que han madurado, que siguen teniendo una fuerte aportación a la economía, pero que han mostrado una dinámica a la baja, nos referimos principalmente a las industrias metálicas básicas y a la industria química. Se trata de industrias con necesidad de renovarse, de mejorar su productividad y disminuir sus costos de producción, principalmente.

Industrias como la del papel, la del plástico y hule y la de fabricación de maquinaria y equipo, han mostrado altos crecimientos en los últimos años, pero una baja participación porcentual. Son industrias que requieren procesos de maduración, mejoras sustanciales de la productividad, capital humano disponible, inversiones estratégicas que detonen su crecimiento y una política asociada al desarrollo del mercado interno.

Finalmente, observamos industrias que requieren una atención muy específica. Sus necesidades son multivariadas, tanto como las razones por las que no crecen, no obstante tienen un alto potencial de redinamizarse. Requieren incentivos en el mercado interno y emparejar las condiciones respecto de competidores en todo el mundo. El caso del sector textil es muy claro, compite contra jugadores subvencionados por sus gobiernos, por lo que requieren abaratar sus costos, desarrollar estrategias para el uso de energía limpia y barata, mejorar la razón precio-calidad e innovar tanto en productos como en procesos productivos.

No es sencillo incidir en el rumbo de la industria nacional sin el desarrollo de una política con la suficiente profundidad y visión de largo plazo. Los enunciados de la política industrial deben ser repensados y enmarcados en un proyecto de nación de los siguientes 30 años, a partir de ahí deben de contar con acciones y herramientas que permitan su correcta implementación. A lo anterior, habrá que agregar los elementos regionales, las vocaciones productivas y en lo general, establecer una serie de planes de largo plazo.

Un proceso de industrialización resulta en un ejercicio singular que depende de sus condiciones iniciales, de la capacidad técnica, científica, tecnológica, ya sea de generación o de apropiación de cada sector y región del país. En cualquier caso, el crecimiento económico para México es urgente y dependerá de una estructura industrial sólida en el largo plazo. Variables como la productividad marginal de los factores, la innovación, la apropiación de tecnología, el desarrollo de ventajas comparativas, la flexibilización y capacitación del capital humano son incluso mucho más relevantes ahora que nunca. Cada industria tiene sus necesidades específicas y en un contexto de recursos escasos, la ejecución precisa de políticas públicas de fomento a cada una de las industrias manufactureras del país, será altamente relevante.

En suma, México requiere de una política industrial basada en una visión de largo plazo, que sea diferenciada, específica para cada sector y región. No obstante, es absolutamente indispensable que las industrias, a través de sus gremios, cámaras, asociaciones, clústeres, y por supuesto organismos cúpula, desarrollen análisis a profundidad, generen planes estratégicos, desarrollen planes prospectivos y establezcan un rumbo. La política industrial no sólo involucra a los gobiernos, requiere de la participación innovadora, fresca y bien sustentada de todos los actores económicos.

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