El vino y la imprenta

Al final del siglo pasado, al acercarnos al cambio del milenio, resultó obligado un análisis de los inventos que más habían transformado la humanidad en los últimos mil y, por supuesto, cien años. Para el milenio el consenso de expertos se decantó por la imprenta y, para la centuria, se manifestó por el sistema eléctrico interconectado.

La imprenta, creación de Johannes Gutenberg, un herrero y orfebre alemán del que se desconoce su fecha de nacimiento pero se celebra simbólicamente el 24 de junio de 1400, tuvo una larga vida para la época falleciendo el 3 de febrero del 1468.

Su genio fue el integrar una serie de avances de su creación para crear un sistema de impresión, mismo que permitió el dejar de utilizar a los amanuenses –oficio que consistía en transcribir a mano otras obras– para lograr un incremento exponencial en la creación de libros y panfletos.

En 1439 creó los tipos movibles, base de la imprenta pero no suficiente para producir en serie, y los complementó con la producción en masa de los mismos, la creación de una tinta basada en aceite, los moldes ajustables, los tipos movibles y, muy importante, la adaptación de una prensa de vino para crear un método que permitió la producción en serie.

Antes de este avance el producir una Biblia tomaba, por lo menos, un año y este tiempo se redujo en más de 30 veces aunado a un producto de calidad más uniforme. El adquirir una Biblia antes de Gutenberg equivalía al salario de 10 años de trabajo, mismo que se redujo inicialmente en una tercera parte, pero con la adopción en masa de esta solución se inició una disminución aún más acelerada.

El primer libro que imprimió Gutenberg no fue la Biblia, como es la creencia generalizada, sino el misal de Constanza que fue una prueba antes de abordar la Biblia. La labor requirió de un taller que se calcula contaba con 25 colaboradores, una cantidad enorme para la época, y que produjeron 47 biblias de las cuales sólo se conservan 21 ejemplares completos. Estos primeros ejemplares son conocidos como la Biblia de 42 líneas, o renglones, para distinguirlos de una edición posterior de 36 líneas. Por supuesto el idioma en el que fueron impresas fue el latín, lingua franca de la época e idioma oficial de la Iglesia, pero la imprenta vino a impulsar la difusión de las lenguas vernáculas, las propias de cada país, ya que se facilitó el elaborar los libros y, muy relevante, su costo se abatió en casi 10 veces, lo que los hizo asequibles a las clases medias.

La imprenta permitió una difusión acelerada del conocimiento, que se manifestó en el Renacimiento, pero también el intercambio de las ideas como la Reforma: Lutero imprimió sus 95 tesis tanto en latín como en alemán, lo que permitió que sus propuestas llegasen a todos los estratos sociales.

Gutenberg perdió su negocio al no pagar sus deudas al prestamista Johann Fust, quien financió el proyecto. En 1455 Fust presentó su demanda, misma que ganó, y tomó control del negocio junto con un colaborador muy cercano a Gutenberg, Peter Schoeffer, quien posteriormente se casó con la hija de Fust, por lo que se piensa que estuvo absorbiendo el conocimiento para posteriormente quedarse con la empresa.

El creador de la imprenta siguió produciendo libros pero no hay forma de cerciorarse de su autoría, ya que no fueron firmados y se supone que también elaboraba tipos para otras imprentas.

Finalmente fallece en Mainz, donde es enterrado, pero la Iglesia franciscana donde se encontraba es destruida, por lo que al igual que Mozart -otro gran genio-, sus restos se han perdido.

Las imprentas se diseminan por Europa y en breve tiempo Venecia, potencia de la época, produce más libros que Alemania. El primer libro en español, producido en el Reino de Aragón, es del año 1474. Ya en América la primera imprenta llega en 1539 a petición de Fray Juan de Zumárraga y vale la pena visitar la Casa de la Primera Imprenta de América localizada en la esquina de las calles de Moneda con Licenciado Primo de Verdad en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

La producción de libros se incrementó en forma muy acelerada por los siguientes 400 años, pasando de unos cuanto miles a varios millones, pero su despegue exponencial se da a partir del inicio del siglo XX. La imprenta, automatizada con electricidad, permite que en nuestra época una sola imprenta elabore en un día más libros que toda la humanidad a 40 años del fallecimiento de Gutenberg. Actualmente se editan 200 mil nuevos títulos en inglés por año, 60 mil en francés y español y se calcula en 150 mil en el resto de los idiomas.

Cuesta trabajo imaginar el mundo sin el libro, que nos ha acompañado por casi 600 años, al igual que figurarse el mundo sin el vino, quien ha estado a nuestro lado por cinco milenios.

Como un homenaje a Gutenberg, y a la cultura del vino, Bodegas Vinum Libris -Vino Libro en latín- presenta Capítulo I. Recordemos que la primera imprenta es, en realidad, una prensa de vino modificada.

Capítulo I es elaborado en Ensenada, con una mezcla de las variedades Nebbiolo, la uva de la niebla del Piamonte italiano, y la bordalesa Cabernet Sauvignon.

Aun antes de probarlo llama la atención la botella, que utiliza un diseño sumamente original de una asociación de tres conocido chefs, Martín Berasategui, Cristóbal Berzosa y Flavio Morganti, los dos primeros españoles y el último italiano, aunados al grupo San Cayetano. Como se aprecia en la fotografía tiene un estrechamiento en la parte baja de la botella para volver a tomar su tamaño normal. Este espacio sirve como decantador y también como aireador al momento de servirlo. La etiqueta principal es el lomo de un libro repujado en letras doradas con la marca de la bodega y el nombre del vino aunado a la mezcla y su añada. Aprovechan el borde del decantador para colocar un texto que describe, de forma breve, el cómo Gutenberg utilizó una prensa de vino como base para crear su imprenta.

Pasemos ahora a su cata,  Capítulo I presenta un color rojo granate muy agradable con reflejos muy vivos que resultan muy gratos. En nariz nos entrega aromas a frutas del bosque y se percibe que es un vino mexicano: es potente. Conforme transcurre el tiempo esta sensación aumenta y me agradó repetir la parte olfativa varias veces. Finalmente en boca es donde Capítulo I se manifiesta por completo, siendo un vino que de inmediato se percibe como mexicano, sin que la sensación mineral domine, con taninos balanceados y una acidez que permite acompañar los alimentos.

Capítulo I, de Bodegas Vinum Libris, es ideal para disfrutarlo alrededor de una mesa de amigos o, ya bien, con la compañía de un buen libro. ¡Salud!

Por: Santiago Barcón
Amante de los vinos

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