El estancamiento de la productividad manufacturera en México

La teoría económica sugiere que para que puedan incrementarse los niveles de ingreso de la población ocupada sin que esto cause presiones inflacionarias, es fundamental que aumente la productividad de la fuerza laboral.

Esto conlleva a que ocurra una de tres cosas:

1. Que se produzca más con la misma cantidad de recursos,

2. Que la producción crezca a una tasa superior de lo que crecen los recursos empleados; o

3. Que la producción caiga menos de lo que disminuya la utilización de recursos. Sea como sea, la receta de incremento de productividad conlleva que el factor producción/trabajadores suba al paso del tiempo.

Los datos del INEGI sugieren que México la productividad laboral de la economía ha estado estancada desde el año 2005, ya que el índice de productividad laboral con base en la población ocupada (base 2013 = 100) pasó de 97.6 en el primer trimestre de 2005 a 101.4 en el primer trimestre de 2019, lo que implica un aumento de apenas 3.9%. Si tomamos en consideración que dicho índice se encontraba en un valor de 98.9 en el primer trimestre de 2021, pues queda claro que apenas si hemos avanzado en 16 años.

En cuanto a la productividad en las actividades secundarias (industria), la situación es aún peor. Las cifras oficiales muestran que el índice de productividad laboral con base a la población ocupada (base 2013 = 100) pasó de 100.1 en el primer trimestre de 2005 a 88.6 en el primer trimestre de 2019, lo que implica una caída de -11.5%. El valor de dicho índice en el primer trimestre de 2021 es de 84.6, por lo que queda claro el fuerte retroceso en este indicador.

Esta situación es lo que explica buena parte del estancamiento salarial de México y confirma que una de las mayores asignaturas pendientes que tiene el sector privado es la de elevar la productividad de su fuerza laboral. Si no se logra esto, será imposible tener incrementos salariales permanentes cada año sin generar presiones inflacionarias.

Con esto en mente, en esta entrega quiero presentar un ejercicio que realizamos en GAEAP respecto al valor de producción por trabajador en las diferentes actividades manufactureras, así como la evolución que se ha dado de este indicador en el periodo de 2019 a 2021.  

Es así que conforme a los cálculos de GAEAP, con cifras de la Encuesta Mensual de la Industria manufacturera (EMIM) de INEGI, tenemos que, en el acumulado de los primeros cinco meses de 2021, el valor nominal promedio mensual de la producción por trabajador fue de 168,448 pesos para la totalidad de actividades del sector manufacturero. Esto implica un incremento nominal de 27.3% respecto de los 132,359 pesos promedio mensual de 2020 y un incremento nominal de 7.8% en relación con los 156,243 pesos de 2019.

Si tomamos en cuenta la inflación del periodo, entonces el valor promedio de la producción por persona ocupada creció 21.5% entre los primeros cinco meses de 2020 y los primeros cinco meses de 2021, mientras que con respecto a 2019, ésta muestra una caída real de -0.2%. Estos hallazgos coinciden con lo expresado en la parte introductoria de esta entrega. 

Cabe precisar que esta evolución en términos nominales del valor promedio de la producción por persona ocupada se debe a que, en el promedio de los primeros cinco meses de 2020 a los primeros cinco meses de 2021, el personal ocupado aumentó 1.5%, mientras que el valor de producción lo hizo en un 28.9%. Por su parte, entre los primeros cinco meses de 2019 y los mismos cinco meses de 2021, el personal ocupado promedio disminuyó -1.3%, mientras que el valor de la producción creció 6.4% en términos nominales. 

Ahora, si queremos ver cuál es el nivel de valor de la producción por persona ocupada para cada una de las actividades productivas en los primeros cinco meses de 2021, tenemos que éste se encuentra de la siguiente manera (en paréntesis se indica dicho valor en pesos mexicanos, las actividades se encuentran ordenadas de mayor a menor):

Fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón ($1,216,037); Industrias metálicas básicas ($683,648); Industria química ($384,448); Industria de las bebidas y del tabaco ($288,284); Industria del papel ($244,252); Fabricación de productos a base de minerales no metálicos ($233,706); Fabricación de equipo de transporte ($229,721); Industria alimentaria ($144,621); Fabricación de maquinaria y equipo ($128,052); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica ($112,813); Industria del plástico y del hule ($114,862); Industria de la madera ($108,141); Fabricación de productos metálicos ($97,155); Impresión e industrias conexas ($77,410); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles ($87,607); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir ($58,988); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos ($49,381); Fabricación de muebles, colchones y persianas ($42,472); Fabricación de prendas de vestir ($29,450); Otras industrias manufactureras ($17,170); y Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos ($15,775).

Estos datos son impresionantes en el sentido de que la diferencia de la actividad que genera el mayor valor de producción por persona ocupada es 77 veces más alta respecto de la actividad que genera el menor valor por persona ocupada.

Ahora, en cuanto a la evolución nominal del valor de la producción por persona ocupada en el periodo de los primeros cinco meses de 2019 a los mismos cinco meses de 2021, como se mencionó líneas arriba, para la totalidad de las industrias manufactureras éste creció 7.8% en términos nominales, pero al tomar en cuenta la inflación del periodo, se aprecia una disminución de -0.2%. En relación a la evolución de cada actividad manufacturera, tenemos lo siguiente (en paréntesis se muestra el porcentaje de cambio nominal y los datos están ordenados de mejor a peor desempeño): Industria de la madera (26.8%); Fabricación de productos metálicos (21.2%); Fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica (17.4%); Fabricación de muebles, colchones y persianas (11.7%); Impresión e industrias conexas (9.3%); Fabricación de insumos textiles y acabado de textiles (8.5%); Industria del plástico y del hule (7.1%); Fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir (6.5%); Fabricación de prendas de vestir (2.9%); Curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos (-0.6%); Fabricación de maquinaria y equipo (-3.3%); Otras industrias manufactureras (-6.8%); y Fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos (-9.4%).

Si tomamos en consideración que la inflación de precios al consumidor en el periodo del promedio de los primeros cinco meses de 2019 al promedio de los mismos meses de 2021 fue de 7.96%, pues queda claro entonces que solamente 10 actividades manufactureras muestran un incremento en términos reales de su índice de valor de la producción por trabajador.

En todo caso, son estas actividades las más proclives a incrementar los niveles salariales sin ocasionar un incremento de precios o disminuir la rentabilidad del negocio.

A manera de conclusión podemos señalar que, para tener un mercado interno verdaderamente fuerte, que nos ayude a depender menos de las exportaciones como motor de crecimiento, es fundamental que los niveles salariales de la población aumenten. Para lograr esto sin ocasionar problemas inflacionarios es fundamental que haya aumentos en la productividad de los trabajadores, lo cual sólo puede darse mediante la capacitación de éstos o dotándolos de más y mejores bienes de capital (herramienta, maquinaria, equipo, entre otros).

Por lo que se requieren cambios legales que permitan la deducción inmediata y al 100% de las compras de capital por parte de todas las empresas; además de que se debe permitir la deducibilidad al 100% de las prestaciones laborales (entre ellas la capacitación), ya que cómo está el esquema actual se tiene un serio obstáculo para el incremento de la productividad.

Los tres órdenes de gobierno, así como los dueños de las empresas, deben tener como la máxima prioridad el que se logren aumentos sostenidos de la productividad de los trabajadores. Esperemos en este sentido que a lo largo de este complicado año escuchemos algún anuncio con medidas tendientes a este fin, sobre todo en beneficio de las microempresas, las cuales son las mayores creadoras de empleos en México.

Alejandro Gómez Tamez. Director General GAEAP

Publicado en Revista Industria Digital CONCAMIN

26 de julio de 2021

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