No se erradicará el Covid, aprendamos a vivir con eso

Al momento de escribir estas líneas, oficialmente se han registrado 201 millones de casos de Covid-19 en el mundo, y de ese total, han fallecido 4.27 millones de personas. En el caso de México, los casos oficiales son 2.964 millones, mientras que las personas que han perdido la vida son 248 mil (El INEGI estima 35.3% más muertes por Covid-19 que las reportadas por el gobierno en el 2020).

Desde luego que la cantidad real de casos y muertes a nivel global es considerablemente mayor a lo que indican las cifras oficiales. Ahora, la expectativa con la tercera ola de contagios, impulsada por la variante Delta, es que aún nos falta por ver muchas cosas terribles en materia de salud.

En este contexto se abre un debate en cada nación respecto a qué hacer para enfrentar esta nueva ola. Se destaca la importancia de aumentar la vacunación, se refuerza el mensaje de que es indispensable usar cubrebocas y mantener la higiene de manos. Sin embargo, acecha la amenaza de que volvamos a enfrentar cierres de actividad económica y limitaciones a la movilidad, en caso de que el número de casos siga creciendo exponencialmente y que esto ocasione una saturación en el sistema de salud pública y privado.

Esta semana tuve la oportunidad de leer un artículo editorial respecto a la estrategia que deben seguir los gobiernos nacionales para enfrentar la enfermedad del Covid-19 causada por el virus SARS-CoV-2. El artículo se titula “La erradicación del Covid es una fantasía peligrosa y cara” y fue escrito por el Dr. Jay Bhattacharya y Donald J. Boudreaux. Fue publicado por el Wall Street Journal el 4 de agosto.

En él se dan argumentos sólidos para pensar que los intentos de erradicar el Covid-19 de la faz de la tierra están destinados al fracaso, que el cierre de la actividad económica es un ejercicio perverso e inútil, y que los esfuerzos deben estar puestos en mantener buenos hábitos de higiene, así como de aumentar las tasas de vacunación. El virus que causa el Covid-19 no se va a ir jamás.

Cabe señalar que el Dr. Bhattacharya es profesor de medicina en Stanford e investigador asociado en la Oficina Nacional de Investigación Económica. El Sr. Boudreaux es profesor de economía en la Universidad George Mason.

El artículo argumenta que gran parte de la patología subyacente a la política gubernamental en contra del Covid surge de la fantasía de que es posible erradicar el virus. Aprovechando el pánico pandémico, los gobiernos de muchas naciones y los medios de comunicación “obedientes” han utilizado la atractiva idea de que es posible llegar a tener cero casos de Covid, y para ello se induce a una obediencia ciega respecto de las duras políticas que limitan la actividad económica, mismas que han sido arbitrarias, además de que en muchos países se han violentado las libertades civiles.

De entre todos los países, Nueva Zelanda, Australia y especialmente China, han adoptado con más celo la política de llegar a cero casos de Covid. El cierre inicial de China en Wuhan fue el más tiránico. Encerró infamemente a las personas en sus hogares, obligó a los pacientes a tomar medicamentos no probados e impuso cuarentenas de 40 días a punta de pistola.

Por su parte, el 24 de marzo de 2020, Nueva Zelanda impuso uno de los bloqueos a la actividad económica más onerosos del mundo libre, con fuertes restricciones a los viajes internacionales, cierres de negocios, prohibición a las personas de salir a la calle y un fomento oficial para que los ciudadanos denunciaran a sus vecinos.

En mayo de 2020, después de haber alcanzado cero casos de Covid, Nueva Zelanda levantó la mayoría de las restricciones a la actividad económica, excepto las cuarentenas para viajeros internacionales y los registros domiciliarios sin orden judicial, para hacer cumplir el bloqueo de actividades y movilidad.

Australia también implementó políticas para llegar a cero casos de Covid. Si bien los pasos iniciales se enfocaron en prohibir los viajes internacionales, los cierres de actividad allá también involucraron a las escuelas, separación ocasional de madres de recién nacidos prematuros, represión brutal de protestas y arrestos por deambular a más de 5 kilómetros de su hogar.

Los medios de comunicación y las revistas científicas acogieron con fanfarria el logro temporal de Nueva Zelanda y Australia cuando alcanzaron los cero casos de Covid, así como del éxito autodeclarado por parte de China. La respuesta autoritaria de China pareció tan exitosa, a pesar del historial del país de mentir sobre el virus, que los gobiernos democráticos de todo el mundo, en estado de pánico, copiaron la estrategia con resultados brutales para sus economías.

Es así como Australia, Nueva Zelanda y China levantaron sus cierres de actividad y celebraron; pero luego, cuando el Covid regresó a esas tres naciones, también lo volvieron a hacer los cierres de la actividad económica.

Los bloqueos actuales de Australia en Sídney ahora son aplicados por patrullas militares junto con advertencias estrictas de los funcionarios de salud advirtiendo de los riesgos de algo tan simple como hablar con los vecinos.

Después de que el primer ministro Boris Johnson anunció que el Reino Unido debe «aprender a vivir con» el virus”, el ministro encargado de atender el Covid-19 de Nueva Zelanda, Chris Hipkins, respondió imperiosamente: «Eso no es algo que hayamos estado dispuestos a aceptar en Nueva Zelanda».

El historial poco impresionante de la humanidad de erradicar deliberadamente enfermedades contagiosas nos advierte que las medidas de cierre de la economía, por más draconianas que sean, no pueden funcionar.

Hasta ahora, el número de enfermedades de ese tipo eliminadas es de dos, y una de ellas, la peste bovina, afectó solo a los ungulados con un número par de dedos. La única enfermedad infecciosa humana que hemos erradicado deliberadamente es la viruela. Por su parte, la bacteria responsable de la peste negra, el brote de peste bubónica del siglo XIV todavía está con nosotros, causando infecciones incluso en los EE.UU.

El Dr. Jay Bhattacharya y Donald J. Boudreaux agregan que si bien la erradicación de la viruela, un virus 100 veces más mortal que Covid, fue una hazaña impresionante, no debería usarse como un precedente para la lucha contra el Covid.

Por un lado, a diferencia de la viruela, que era transportada solo por humanos, el SARS-CoV-2 también es transportado por animales, lo que, según algunas hipótesis, puede transmitir la enfermedad a los humanos. Necesitaríamos deshacernos de perros, gatos, visones, murciélagos y más para llegar a cero casos de Covid.

Por otro lado, la vacuna contra la viruela es increíblemente eficaz para prevenir infecciones y enfermedades graves, incluso después de la exposición a la enfermedad, con una protección que dura de cinco a 10 años. Recientemente ha quedado más que claro que las vacunas Covid son mucho menos efectivas para prevenir la propagación del virus.

Y la erradicación de la viruela requirió un esfuerzo global concertado que duró décadas y una cooperación sin precedentes entre las naciones. Nada como esto es posible hoy, especialmente si requiere un cierre perpetuo a la actividad en todos los países del mundo. Eso es simplemente pedir demasiado, especialmente a los países pobres, donde los cierres de la actividad económica han demostrado ser devastadoramente dañinos para sus esfuerzos de desarrollo (De acuerdo con la Coneval, en México la pobreza creció y ahora alcanza a 44% de la población).

Es de esta manera que, si incluso un reservorio no humano o un solo país o región no adopta el programa de erradicación del Covid, la estrategia de llegar a cero casos a nivel mundial fallaría.

Los costos de cualquier programa de erradicación del Covid-19 son inmensos y deben justificarse antes de que los gobiernos persigan tal objetivo. Estos costos incluyen el sacrificio de bienes y servicios no relacionados con la salud, así como otras prioridades de salud, prevención y tratamientos a los que se tendría que renunciar.

El fracaso constante de los funcionarios del gobierno para reconocer los daños de los cierres económicos, a menudo poniendo como pretexto el principio de prevención, descalifica al Covid como candidato para su erradicación.

La única ruta práctica es aprender a vivir con el virus de la misma manera que hemos aprendido a vivir durante milenios con otros innumerables patógenos. Una política de protección bien focalizada puede ayudarnos a enfrentar el riesgo.

Hay una diferencia mil veces mayor en el riesgo de mortalidad y hospitalización que representa el virus para los ancianos en relación con los jóvenes. Ahora tenemos buenas vacunas que han ayudado a proteger a las personas vulnerables de los estragos del Covid. La solución prioritaria es ofrecer la vacuna a los grupos más vulnerables en todas partes del mundo. Se debe abandonar la idea de los cierres de actividad económica, así como las restricciones a la movilidad, ya que esto ha probado ser una estrategia fallida.

El Dr. Jay Bhattacharya y Donald J. Boudreaux concluyen mencionando que vivimos con innumerables peligros, cada uno de los cuales podríamos elegir sensatamente no erradicar. Las muertes de accidentes de automóviles podrían erradicarse prohibiendo los vehículos de motor. El ahogamiento podría erradicarse prohibiendo la natación y el baño en albercas. La electrocución podría erradicarse prohibiendo la electricidad.

Vivimos con estos riesgos no porque seamos indiferentes al sufrimiento, sino porque entendemos que los costos de cero ahogamientos o cero electrocuciones serían demasiado altos. Lo mismo ocurre con la estrategia de llegar a cero casos de Covid.

Alejandro Gómez Tamez. Director General GAEAP

Publicado en Revista Industria Digital CONCAMIN

09 de agosto de 2021

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